La aventura de ser mamá: Una mamá feliz
- ALEJANDRA OROZCO
- 24 ene 2021
- 4 Min. de lectura
Tuxtla.- Semana tras semana, no me canso de compartirles lo feliz y traviesa que veo a Elisa, lo sorprendida que estoy de que cada día aprenda y haga algo nuevo, y lo increíble que es poder acompañarla en cada paso.

Esta semana, su papá la vio mantener el equilibrio parada por casi un minuto, aprendió a hacer cara de fuchi cuando huele su ropa sucia, a comerse las burbujas a la hora del baño, a rechinar los dientes de abajo con la puntita de los que le están saliendo arriba y a responder no a casi todo lo que le preguntas.
Una vez actualizados sobre su progreso semanal, hoy quiero hacer una pausa para hablarles de lo importante que es para los bebés y para los papás guardar un equilibrio y tener un ratito para volver a ser nosotros mismos.
El tema surge porque este fin de semana, mi amiga Celene me consintió con un regalo de cumpleaños atrasado y nos fuimos al temazcal y por un masaje relajante, para desestresarnos de todo y poder echar el chisme a gusto, como buenas señoras que somos (si estás leyendo esto, gracias amiga, me hiciste muy feliz!).
Me relajé y lo disfruté tanto que hasta llegué a sentirme culpable, de estar alejada de mi familia un par de horas, sin estar cuidando bebé, limpiando, haciendo de comer o redactando notas, solo era yo, dejándome consentir y disfrutando el no mover ni un dedo.
Creo que no soy la única mamá que experimenta esa angustia y a la vez placer, de estar lejos de mi hija pero también sentir que necesitaba un rato a solas, debe ser muy común pasar por esos momentos de confusión y no dejar de extrañar a mi bebé ni un solo momento.
Pero también creo que es lo más sano: todos los días, me levanto no antes de las 8 -o más bien, me levanta una vocecita ronca y chillona asomada desde su cuna, que me grita ‘mam’ o ‘papa’-; le cambio el pañal, juego con ella, le limpio los dientes, le doy sus vitaminas, preparo su desayuno y le doy agua en lo que me arreglo para irme a trabajar.
Luego regreso, paso el mayor tiempo posible con ella en lo que redacto notas, hago algún pendiente de la casa o me pongo al día con mi marido, y así se nos va la tarde, entre los quehaceres del día, el cuidado de la niña, el trabajo y lo que se presente.
Así como yo, muchas mujeres cumplen el rol de mamá, profesionista, esposa, ama de casa, amiga, hermana, hija; un sinfín de labores diarias que desgastan física y mentalmente, que también traen consigo una satisfacción, pues todo vale la pena cuando veo ese par de dientes blancos o esa carita pícara viéndome de lado.
Ser mamá y cumplir con tantas obligaciones es demandante, por eso es importante mantener el equilibrio; en mi caso, después de las 9 o 10 de la noche, cuando Elisa está dormida y ya terminé mi trabajo, es cuando aprovecho a hacer 10 minutos de ejercicio, o darme un baño largo, cenar con Rodrigo y después relajarme jugando en el cel o viendo alguna serie, aunque sea ya repetida.
Es justo y necesario darse aunque sea un ratito al día, sobre todo las que somos multitarea, para distraernos y descansar, hay veces que esos ratos libres termino arreglando ropa, adelantando trabajo o haciendo algún pendiente, pero disfruto mucho ese rato para mi.
Claro, también es importante encontrar momentos de pareja, ya sea para platicar, ver alguna serie o incluso monólogo cómico para reír juntos, y esto nos pasa precisamente en la noche, o cuando aprovechamos a hacer algún mandado sin la niña, como cuando ella todavía no llegaba y solo éramos el y yo.
Ni está bien tratar de cumplir al 100 con todas nuestras facetas, todo el día, como tampoco lo está descuidar alguna de ellas por otras; yo creo que mi prioridad ahora es Elisa, ante cualquier cosa, pero también estoy consciente que tengo deberes laborales, y que no debo dejar de lado mi papel como compañera de Rodrigo, así como también tengo amigas, amigos y más familia con la que no debo perder contacto.
La clave está, pienso yo, en encontrar el equilibrio: se vale pedir ayuda para poder terminar mi trabajo, se vale postergar un poco lavar la ropa o los trastes para jugar con Elisa hasta que se duerma, se vale darse una escapadita en pareja una hora o dos, sin desentenderse por completo de nuestras obligaciones.
Y también se vale pedir tiempo fuera, aprovechar para irte a tomar algo que te gusta tú sola, oír música mientras te pintas las uñas ya que la niña está dormida, dormirte después de una noche larga de atender a la bebé, todo funciona siempre y cuando tengamos bien establecidas nuestras prioridades, y el apoyo de nuestra familia, pues más allá de ver si la casa está limpia o mis notas están hechas, Elisa se sentirá feliz de tener una mamá relajada, equilibrada y feliz.








Comentarios