La Chiapaneca toma la palabra este 14 de enero
- NOÉ JUAN FARRERA
- hace 2 horas
- 3 Min. de lectura
Tuxtla.- La Chiapaneca no es un disfraz ni una moda pasajera: es un lenguaje. Así lo deja claro la profesora Esmeralda Barrientos Solís, representante del grupo de Chiapanecas 14 de Enero, al hablar del papel central que tiene el vestido tradicional Fiesta Grande de Chiapa de Corzo. Cada vuelo bordado, cada listón en el tocado y cada joya que acompaña el atuendo cuentan una historia heredada de madres y abuelas, una historia que se camina, se baila y se honra.

Barrientos Solís subraya que el vestido de la Chiapaneca ha evolucionado con el tiempo, pero sin perder su esencia. No es minifalda ni blusa improvisada; es una prenda elegante, amplia, pensada para lucirse con dignidad. El tocado, ya sea de flores de listón o sencillo, no es adorno gratuito, sino remate de un traje que exige porte. El calzado, discreto y cómodo, acompaña la elegancia de un atuendo que —como ella misma dice— es de reina, no de carnaval desordenado.
Este 14 de enero, Día de la Chiapaneca, el vestido vuelve a ocupar el lugar que le corresponde. La elección de la fecha no es casual. Es el día previo al de los Parachicos, un gesto simbólico que reconoce a la Chiapaneca como la que abre camino, la que anuncia que la fiesta comienza con orden, belleza y respeto. Desde el mediodía, las actividades darán inicio con el rezo del rosario; después, la convivencia con pepita con tasajo y música de marimba en la Casa de la Chiapaneca. A las cuatro de la tarde arrancará la felicitación, el momento más esperado, cuando las calles se llenan de color, bordado y alegría.
La invitación es clara y directa: es un día pensado para las mujeres. Ni empujones ni ambientes pesados. Aquí caben niñas, jóvenes, mujeres maduras y de la tercera edad, incluso mujeres con capacidades diferentes, todas unidas por el orgullo de portar su traje. Los acompañantes —especialmente los caballeros— están llamados a respetar el espacio, caminar a los lados y permitir que la Chiapaneca luzca y disfrute su día. Parece obvio, pero en tiempos de exceso, recordarlo es necesario.

En medio de la visibilidad que genera esta celebración, la profesora Esmeralda Barrientos ha sido tajante ante los rumores: portar a San Sebastián y representar una tradición no significa buscar un cargo de elección popular. Lo dice sin rodeos. No es su estilo usar la fe ni las costumbres como trampolín político. Al contrario, considera que hacerlo sería traicionar la confianza del pueblo y el sentido profundo de la tradición.
Aclara también que mantener puertas abiertas a personas de todos los ámbitos, incluidos los políticos, no implica interés personal alguno. La Casa de la Chiapaneca es un espacio del pueblo, no un comité de campaña. Su compromiso está con San Sebastián, con la tradición y con hacer un papel digno ante Dios, no ante las urnas. La política, afirma, no está ni estará en su proyecto de vida.
La derrama económica que genera el vestido de la Chiapaneca es otro punto clave: bordadoras, costureras, rentistas y comercios trabajan todo el año gracias a esta tradición. El traje no solo viste cuerpos; sostiene familias y fortalece la economía local, dejando el beneficio en Chiapa de Corzo.
Y así, cuando la marimba suene y las faldas giren, no será solo una “felicitación”: será una declaración. La Chiapaneca abre la Fiesta Grande con fe, con orden y con orgullo. Porque mientras haya mujeres dispuestas a vestir su historia y defenderla, la tradición no se pierde… se engrandece.








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