La deuda educativa
- EDITORIAL
- hace 10 horas
- 2 Min. de lectura

La educación en Chiapas atraviesa un momento de transición. Después de años de rezagos acumulados, abandono institucional y desigualdades profundas, hoy se observan esfuerzos por recuperar el rumbo y colocar la enseñanza como un eje central del desarrollo social. Sin embargo, el desafío es enorme y los avances, aunque visibles, aún resultan insuficientes frente a la magnitud del problema. En los últimos meses, la alfabetización de jóvenes y adultos ha sido una de las acciones más destacadas. Programas focalizados, el trabajo en territorio y el uso de herramientas de seguimiento han permitido atender a miles de personas que históricamente quedaron fuera del sistema educativo. Este avance no solo significa aprender a leer y escribir; representa dignidad, acceso a derechos y la posibilidad de romper ciclos de exclusión. No obstante, la educación básica sigue enfrentando retos estructurales. Escuelas sin infraestructura adecuada, docentes con sobrecarga laboral, comunidades alejadas y condiciones sociales adversas siguen impactando el aprendizaje de niñas, niños y adolescentes. La brecha educativa entre zonas urbanas y rurales continúa siendo una deuda histórica que no puede ignorarse. A ello se suma la necesidad de garantizar la permanencia escolar. Alfabetizar es solo el primer paso; el verdadero reto está en asegurar que quienes inician un proceso educativo puedan continuarlo hasta concluir la primaria, la secundaria y, eventualmente, el bachillerato. Sin continuidad, los esfuerzos corren el riesgo de diluirse. La educación en Chiapas también demanda una visión integral. No se trata únicamente de estadísticas o cobertura, sino de calidad, pertinencia cultural y enfoque de derechos. Las comunidades indígenas requieren modelos educativos que respeten su lengua, su identidad y su contexto, mientras que las juventudes necesitan herramientas que les permitan enfrentar un mundo cada vez más complejo. Hoy, más que nunca, la educación debe asumirse como una política de Estado, no como un programa sexenal. Requiere inversión sostenida, coordinación interinstitucional y voluntad política para llegar a donde históricamente no se ha llegado. El futuro de Chiapas depende, en buena medida, de lo que hoy se haga en las aulas, en las comunidades y en el territorio. Invertir en educación no es una opción, es una obligación. Porque sin educación no hay igualdad, no hay desarrollo y no hay justicia social.





Comentarios