La responsabilidad de no mirar hacia otro lado
- EDITORIAL
- hace 29 minutos
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En Chiapas, muchas veces los problemas no comienzan de golpe: se incuban en el silencio, en la costumbre de “así son las cosas” y en la resignación colectiva. La violencia, la corrupción, el rezago social o las crisis sanitarias no aparecen de un día para otro; crecen cuando la sociedad se acostumbra a convivir con ellas sin exigir respuestas claras. Hoy, el estado vive una etapa en la que se habla de reconstrucción, de avances y de nuevos rumbos. Sin embargo, ningún proceso de transformación será real si no va acompañado de una ciudadanía vigilante, informada y crítica. Gobernar es una responsabilidad institucional, pero cuidar el rumbo de Chiapas también es una tarea social. Los retos siguen siendo profundos: comunidades que aún esperan servicios básicos, municipios con administraciones opacas, juventudes que buscan oportunidades y familias que solo piden vivir sin miedo. Ignorar estas realidades o minimizarlas no las hace desaparecer; por el contrario, las agrava. Chiapas necesita una conversación pública honesta, donde se reconozcan los avances, pero también se señalen los pendientes. Callar por comodidad o por miedo solo beneficia a quienes lucran con el desorden. La transparencia, la rendición de cuentas y la participación ciudadana no son obstáculos para el gobierno: son la base de su legitimidad. Mirar hacia otro lado nunca ha sido una opción para los pueblos que desean justicia. El futuro de Chiapas no se construye solo desde el poder, sino desde la exigencia diaria de una sociedad que entiende que el silencio también tiene consecuencias. Porque cuando una sociedad decide no ver, el problema no desaparece: se normaliza. Y Chiapas ya ha pagado demasiado caro por normalizar lo inaceptable.





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