• ALEJANDRA OROZCO

La Sima de las Cotorras; lugar que combina la historia con el turismo de aventura

Uno de los atractivos más impresionantes del estado y cercanos a la capital chiapaneca es la Sima de las Cotorras… sí, así, sima con s, pues no se trata de la parte más alta de una montaña, sino todo lo contrario: es una poza profunda a partir de una fisura natural en el terreno.


Para llegar, basta con tomar el camino a Ocozocoautla, sobre la carretera hay una desviación que lleva a un camino de 18 kilómetros de terracería que nos dirige al lugar, visitado por turistas locales y extranjeros por la majestuosidad de su paisaje.

Este hundimiento tiene una profundidad aproximada de 140 metros, un diámetro de 160 y muchos años de historia, con tan sólo descender 20 metros se pueden apreciar algunas pinturas rupestres, en las que destacan guerreros, animales y huellas de manos en colores rojo y negro que pertenecen a la cultura zoque, de hecho este atractivo se ubica en la ruta que lleva el mismo nombre.


Además, posee una vegetación que no se encuentra afuera de esta cueva: es como una selva en su interior, que además sirve de hogar para el ave que le da su nombre a este atractivo, son cientos de cotorras en peligro de extinción las que ofrecen un espectáculo sin precedentes al amanecer y al atardecer, ascendiendo desde lo profundo y cantando de manera armónica.

Se puede practicar el senderismo, la escalada en roca, el rappel y la observación de flora y fauna en este sitio que tiene dos teorías sobre su origen: una apunta a que miles de años de erosión formaron su diámetro, y otra señala que se trata de una caverna cuyo techo se desplomó, al fondo crecen orquídeas y caobas, entre otros árboles que llegan a alcanzar hasta los 30 metros de altura.


El espectáculo de las cotorras empieza a la par del día, es necesario nadie hace para ver a los primeros ejemplares emerger, se trata de una especie monógama, por lo que los primeros pares en salir son los que están “casados”, al final se van quedando las parejas más jóvenes o las aves que siguen solteras, pero salen todas en parvada en espiral si tienes suerte, y es que dicen que se necesita suerte para poder apreciarlas, pero que un buen día es más probable que ocurra entre marzo y octubre.

Hace muchos años, un viaje de carretera me llevó a este lugar, estaba aprendiendo a manejar y los últimos kilómetros de terracería me tocó estar al volante, por lo que se me hizo un camino eterno aunque no es tan largo, era una mañana entre semana, por lo que estaba vacío y disponible para que pudiera observarlo todo yo solita.


No recuerdo que en ese tiempo hubiera actividades actuales como el rappel, o quizá es por lo mismo, que era entre semana, pero me bastó con asomarme al mirador para impresionarme del tamaño que tiene este atractivo, inundarme con la paz que ahí se respira, tanto por el aire fresco como por los sonidos relajantes de la naturaleza.

Me gustaría volver y experimentar un poquito más de su magia, hacer más actividades y descender para ver las pinturas rupestres, en esa ocasión solo me limité a ver todo desde arriba y sin duda me quedé con ganas de más, es un atractivo bastante cercano y económico, la entrada según su página oficial está en 50 pesos por persona, y además de los deportes de aventura, que tienen un costo por aparte, hay un hotel y un restaurante, aunque por la cercanía se puede dormir en Tuxtla o en Coita.

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