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¿Leonardo da Vinci era verdaderamente un hombre de ciencia?

Europa.- El documental Leonardo, el hombre que salvó la ciencia, escrito y dirigido por Mark Daniels, nos muestra cómo se gestó el primer científico del mundo, cómo su insaciable curiosidad lo llevó a buscar el conocimiento científico y tecnológico perdido en la cultura europea.



¿Qué convirtió a Leonardo da Vinci, el hombre renacentista por excelencia, en un hombre de ciencia? Estos son algunos de los argumentos en los que se basa este documental para afirmar que el genio que conocemos, el gran artista e inventor, también fue el salvador de la ciencia:


Los cuadernos de Leonardo contienen planes para centenares de inventos comunes hoy en día: la ametralladora, el tanque, el salvavidas, el helicóptero, el paracaídas. ¿Pero eran desconocidos? Cuando los investigadores han profundizado en sus manuscritos antiguos, han descubierto dibujos y tratados donde ya figuraban muchos de los inventos atribuidos a Leonardo. Algunas versiones de los “inventos” de Leonardo tienen sus orígenes en la Grecia clásica, el Imperio árabe e incluso en la antigua China. ¿Es posible que Leonardo haya copiado el trabajo de otros? El documental concluye que cuando Leonardo copiaba el trabajo de otros era para aprender de él, transformarlo, mejorarlo y ofrecerlo al mundo como “un preciado regalo”.


Hizo avanzar la ciencia en los campos de la anatomía, la ingeniería, la óptica, el urbanismo, la geología, en una época en que la mayoría de estas disciplinas aún no tenían nombre. Escribió sus notas y bocetos científicos en un alfabeto secreto inverso, que solo se puede leer con un espejo.


El paracaídas de Leonardo, que recoge el cuaderno del Códice Atlántico, no es realmente un invento suyo. Leonardo copió y se inspiró en el invento de otro artista e ingeniero Italiano de principios del Renacimiento, Taccola. Sí se le puede atribuir a Leonardo que él fue el primero en escribir acerca del material que se necesita para fabricar este objeto: “tela hecha de lino encerado, para que el aire no la atraviese, y se convierte en impermeable, como las plumas de los pájaros”. Solo él pensó en las dimensiones y dibujó muchos bocetos para construir una máquina voladora.


Los expertos que han estudiado sus cuadernos aseguran que Leonardo copió decenas de inventos de Taccola como la bomba de tornillo, un dispositivo para elevar agua. Taccola murió en el año que nació Leonardo, pero fue una poderosa inspiración. El joven Leonardo se topó con los dibujos de Taccola en 1467, cuando era un joven de quince años.

Leonardo nunca tuvo una educación formal. En el taller de Andrea del Verrocchio, se formó como pintor, escultor, y también como ingeniero. La naturaleza fue una inspiración de por vida. Estaba fascinado por los grandes patrones de la naturaleza en movimiento. Su atención a los seres vivos le convirtió en un gran observador y encontró en la naturaleza modelos que aplicar a sus inventos.


“Leonardo, se sentía excluido del sofisticado y refinado mundo intelectual”, señala Charles Nicholl, escritor experto en autobiografías. Por eso, necesitado de un mecenas, se decidió a escribir al duque Ludovico Sforza a quién le ofreció sus servicios como experto ingeniero militar y se mostró dispuesto a revelar sus secretos de guerra. La carta al duque Ludovico Sforzaeste, se podría considerar el “primer currículum de la historia”, concluye describiendo sus otras habilidades: “Además, soy escultor; puedo hacer figuras en bronce, mármol y arcilla. También en la pintura soy capaz de hacerlo todo tan bien como cualquier otro artista, sea éste quien fuere. Soy el hombre que necesitáis”.


Leonardo mintió en su currículum porque no era un ingeniero militar. Lo que sí hacía, explica Mario Taddei, director técnico del Museo Leonardo3, de Milán, era estudiar: “Ahí está su genio. Leonardo no es estúpido. Hace lo que cualquier persona inteligente haría. Estudia. Estudia mucho”. Leonardo se inspiró en el tratado militar de Roberto Valturio -una enciclopedia de armas militares-, y antes de irse a Milán, lo estudia a fondo, copia todas las máquinas y se las entregó al duque como invenciones propias.



Cuando Leonardo llegó a Milán en 1482 y montó su taller de pintura, tenía 30 años y ni un solo libro. Ocho años después, explican los expertos, tenía unos 35 libros. Los libros cobraron un gran significado para él y una década más tarde, su biblioteca alberga cerca de 200. Leonardo se describe a sí mismo como un pintor filósofo que debe adquirir conocimientos de todas las fuentes posibles.


Como hombre del Renacimiento, Leonardo aprende lo que necesita aprender según el encargo que le hicieran y jugaba con la tecnología y la ’magia’. En sus espectáculos, Leonardo conseguía asombrar con sus fuerzas desconocidas que en realidad se debían a medios técnicos, poco conocidos en su tiempo. En el S.XV era fácil maravillar al público con un robot programable “que hace lo que Leonardo quiere que haga”, a través de sencillas bielas.


Para tratar de verificar las distintas hipótesis sobre el funcionamiento de la vista, Leonardo experimentó hasta desarrollar una cámara oscura, que un pequeño orificio actúa como una lente para proyectar una imagen externa en una habitación oscura.

Leonardo, aseguran los expertos, siempre ponía en duda lo que leía y buscaba demostrar las cosas mediante la realización de experimentos. Leonardo estuvo claramente influenciado por los eruditos árabes. Más que un profeta, descubrió un pasado donde existió una tecnología mucho más avanzada que se perdió en Occidente tras la caída de Roma. Fritjof Capra, historiador de la ciencia, señala que los métodos experimentales y empíricos de Leonardo nacen de alguna manera de la lectura de aquellos textos antiguos. Reinventó una antigua tecnología a través de la prueba científica: el experimento.