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Liliana Bellato, una vida dedicada al feminismo situado en Chiapas

  • ALEJANDRA OROZCO
  • hace 3 días
  • 8 Min. de lectura

Tuxtla.- En este segundo programa del año, Sandra y Ale nos presentaron a una mujer a quien consideran un referente en Chiapas, con todo un legado en el estado en temas de feminismo, al final ha sido mentora feminista de muchas mujeres aquí, ella es Liliana Bellato, originaria de la Ciudad de México, aunque su corazón está en Chiapas, socióloga de formación, cuando terminó la carrera, tenía un amigo chiapaneco que la invitó para acá, ella nada más venía de vacaciones, y se ha quedado hasta ahora, yendo y regresando.

“Esta conformación del sur, del corazón, es una visión también de mi práctica feminista, que sí, como chilanga, hay muchas cosas que se ven y que desde ese posicionamiento muchas veces no se alcanzan a ver otras, pero desde que estoy en este lado del corazón, alcanzo a sentir y pensar de otra manera”, relató.

Su postura feminista comenzó primero como una incomodidad, como una rebeldía corporal, todas las mujeres, está segura, han pasado por violencias de diferente naturaleza, entonces, esa rebeldía, ese poder decir, esto no me está gustando, esto por qué es diferente con otras personas, con los hombres, por qué a nosotros nos están pidiendo tal y tal cosa, entonces, si bien la educación hasta cierto punto en su casa era diferente, a la mera hora no, y eso tuvo costos de diferente tipo.

“Claro que en la casa, en mi práctica como adolescente, ver ese tipo de cosas que no me gustaban para nada, ya después les fui poniendo nombre, pero primero es esa sensación de incomodidad, de decir basta, no quiero esto, todo el recorrido, cuando Sandra me había dicho de la entrevista, traté de hacer un ejercicio y ver cómo se ha transformado esto, cuando yo vengo a Chiapas, yo participaba en Antzetik, en la revista de Walda Barrios, que fue muy importante, estaba Lety Pons, estaba el esposo de Leti Pons, la reflexión teórica iba en la igualdad de las mujeres”, añadió.

Y es que hay un montón de cosas que ocurrieron por los 80s, 90s, con bastantes problemas de cómo digerir teóricamente algunas cuestiones, porque también eso la define, ella es activista, académica, formadora, pero tiene esta bisagra, lo que iba aprendiendo en ese momento, también hubo muchos errores del feminismo en las comunidades, con ese afán de liberarse, de compartir estas reflexiones, pero no situarse, no reflexionar desde qué lugar estaba hablando.

“Cómo se traduce este diálogo con compañeras de otros lugares, de comunidades indígenas, que sufrieron mucha violencia a partir también de llevar a cabo estas transformaciones, esos diálogos con muchas mujeres en esos momentos se estaban dando, eso es un aprendizaje bien importante, cómo tenemos que tener mucho cuidado en estos aprendizajes, en esta deconstrucción, primero personal, de conciencia, de verdad, y tener una ética feminista que pasa por eso también”, comentó.

Añadió este concepto que no es nuevo, pero se ha hecho mucho más común ahora de interseccionalidad, eso es bien importante, primero identificar las diferencias entre las mujeres, y cómo dentro de este posicionamiento la cuestión de horizontalidad es fundamental, son intercambios, es acompañamiento, pero en un diálogo permanente y horizontal, no ponerse como esta salvadora blanca o feminista blanca, así no, y es una de las cuestiones que tienen que observar también.

“Primero hay que entender que son procesos de largo aliento, para empezar el proceso de transformación, tú simplemente vas a poner ciertos elementos y el proceso de transformación es adentro, quien marca el ritmo, las condiciones, las situaciones son ellas, nosotros no, simplemente yo puedo llegar con una serie de preguntas en condiciones realmente de horizontalidad y escuchar a las mujeres, desde sus saberes, desde su posicionamiento, ¿qué quieren?, ¿desde dónde ven la vida? A partir de ahí yo ya gané, yo aprendo un montón, me encanta”, reconoció.

Por ejemplo, su tesis de maestría fue sobre sexualidad en hombres y mujeres mazahuas, al principio, como investigadora averiguaba, investigaba, de repente dijo, ya la hice, cuando de pronto una de las personas con las que entablaba estos diálogos le decía, ¿y tú Liliana, cómo le haces? ¿Tú qué piensas sobre esto? Lo cual le impactó y dijo, ya soy parte de aquí, porque no era solamente con este afán de obtener información, sino cómo establecer realmente ese diálogo y que ellas también sean capaces de indagar en ella, entonces quiere decir que ella estaba también en cierta circunstancia que eso permitía y facilitaba, le encantó y dijo, ándale, ya la hice.

“Yo me concibo como investigadora, como activista, esta parte de tener siempre el pie en el territorio, y el territorio es el que manda a alguien, entonces, cuando te interpela algo, no es solamente con ese afán de investigar, sino más bien de cómo acompañas, yo creo que cuando uno tiene el corazón feminista, está en disposición, yo he acompañado casos de feminicidio y otras cuestiones que pueden ser muy duras, que no todo mundo puede hacerlo, no puede estar en esta disposición, entonces, cuando acompañas, pues es eso.

Para ello, considera que se requiere a lo mejor una oreja que pueda escuchar, que pueda tener un poco más de información y sugerir a dónde se puede ir, qué se puede hacer, también aproximar servicios terapéuticos, acompañamiento con otras amigas activistas, en términos de comunicación, también esta parte de acompañamiento jurídico, no se hace sola para empezar.

“En mi caso es muy importante acompañar, pero también cómo esto que se aprende puede servir también para otras cosas, para otros casos, esa es la parte también con la investigación, sistematizar lo que hay, el atlas este que hicimos fue una solicitud, derivó más bien en un diagnóstico formal para Tere Olvera, porque estaba en una actividad que tenía que hacerse algo, pero yo trabajé en el Consejo Nacional de Población, entonces esta parte estadística también la comprendo, y me llamaba mucho la atención que la alerta de violencia de género solamente consideraba los casos absolutos de mujeres que habían sido víctimas de feminicidio”, comentó.

Si tienes una lectura así, por ejemplo, en el caso territorial, siempre son las estrategias dirigidas a poblaciones con mayor cantidad de personas, como Tuxtla Gutiérrez, San Cristóbal, etcétera, y es una lectura equivocada, cuando hicieron este mapeo, resulta que a nivel municipal, los casos en porcentajes te dan y te configuran otra cosa, eso fue para ella un asombro, porque no se imaginaba lo que iban a obtener.

“Haciendo la equivalencia un poco entre el porcentaje de los casos que hay en función de la población, el número de habitantes, lo que nos daba era un corredor muy semejante al corredor de migración, entonces las estrategias tienen que ser diferentes, si no tenemos esa información que nos da la investigación, el hacer diagnósticos, nuestras estrategias pueden estar muy equivocadas, entonces, cuando se ubicaba, por ejemplo, la mayor problemática en Tuxtla Gutiérrez, en San Cristóbal, no es cierto, más bien lo que nos habla es de una combinación muy compleja de fenómenos, de impunidad, de corredor de migración, claro, porque hay condiciones de mayor vulnerabilidad”, mencionó.

Señaló que ella percibe en general a las juventudes y las mujeres jóvenes universitarias muy fuertes, por un lado, le hacen una sonrisa cuando las escucha, cuando las ve, cuando presentan sus proyectos, tienen mucho empuje, mucha claridad, tienen una formación alterna, eso le encanta, muchas de ellas, las que tienen ya mayor claridad del feminismo, es anclado a una experiencia colectiva ajena a la universidad, y también articulada a la universidad, son chavas formadas en círculos, lo que se traduce también en prácticas dentro de la universidad.

“Yo no las veo ni poquitas, ni mucho menos, como todos los movimientos sociales, hay momentos como de espera, no todo el tiempo hay un activismo explícito o visible, pero eso no quiere decir que no exista, tomemos en cuenta cuando sucedió lo de la doctora Mariana, hubo una movilización muy importante de chavas, pero no solamente de la UNACH, articuladas con otras universidades, ellas propusieron el norte, ellas dijeron, ya basta, no es posible que no haya protocolos, no es posible que haya este tipo de prácticas”.

Por ello, abundó en la necesidad de profundizar cambios sustantivos y realmente de largo aliento ya, no solamente en la UNACH, sino ellas lo que estaban proponiendo, y lo hicieron, era en diferentes universidades también articuladas a lo que estaba sucediendo en México, en otras latitudes, son chavas con mucha capacidad de gestión, articulación también, hace un par de años hicieron un foro y las maneras que tienen de protegerse también son diversas, a veces lamentables y dolorosas.

“Por ejemplo, una chica nos decía que ella cargaba un bat, y que como salía de noche, por Humanidades, necesitaba cargar un bat, o chavas que se compraban arracadas, que sus abuelas les habían dicho que las trajeran en la mano, pero además que fueran duras, de oro o algo para que pudieran ser un golpe contundente, o las llaves, eso es lastimoso, cómo necesitan las chavas protegerse de esa manera, en lo individual y también en lo colectivo, pero yo lo que veía también es que estas reflexiones y esta formación que tienen alterna a la propia formación en la universidad era un escudo protector, el que ellas reflexionen, aprendan más cosas y a veces el lesbianismo como parte de su protección”, dijo.

La socióloga añadió que son procesos de largo aliento, procesos que involucran muchas cosas, conciencia de género, conciencia feminista, presupuestos, capacitación, formación, transformar los planes de estudio, es tan complicado porque no es de que digas, eso en la ley ya está, que los planes de estudio tienen que incorporar la perspectiva de género, no es una receta que puedas darle al que está haciendo su plan, que haga esto, luego lo entregue y ya, es cómo hacerle para eso, sí hay algunas cosas que de facto pueden ser así, pero tiene que haber una transformación personal y colectiva, ahí está lo complicado, no son recetas, no hay maneras en que se pueda avanzar más rápido.

“Yo creo que hay avances en la universidad, no es la misma historia que cuando empezó el caso que comentamos, no es la misma universidad, yo hablo en la UNACH, sí ha habido muchos cambios, que todavía los desafíos son muy grandes porque, como decimos, avanzamos dos y luego podemos echarnos para atrás, pero se necesita sostener los procesos, y eso no va a acabar nunca, sinceramente no va a acabar”, consideró.

Al final, coincidieron en que aparte de qué hace la institución o las instituciones, también tendrían que preguntar cómo están los chicos, porque los cambios se hacen de manera conjunta, ellas se están organizando, hacen lecturas distintas de la realidad, ya saben cuándo alguien las está violentando, en eso les parece que ellas van avanzando, pero también una preocupación latente es los chicos, los hombres, las resistencias que ofrecen porque sienten que se les está arrebatando algo, y a veces eso es lo que genera entornos más violentos.

“Para realmente lograr una transformación hay que incluir a toda la comunidad, hombres, disidencia sexual, no puede haber un cambio sustantivo si no hay una transformación en ellos, las políticas y estrategias han estado equivocadas, a las mujeres se les dice cuídate, protégete, cuando en un 90 y tanto por ciento de los casos, el depredador y violentador es el hombre, por qué no hay acciones dirigidas a ellos, cómo rompen el pacto patriarcal, son cosas muy preocupantes por no incluirlos, no profundizar, por no saber cómo hacerle, hay que poner mucha atención”.

Consideró que el feminismo es para todas las personas, no solo para las mujeres, el chiste es la transformación de la sociedad y eso implica estrategias de diferente naturaleza, por ejemplo, su posicionamiento es anticapitalista porque hay que cuestionar el sistema tan doloroso y colonial, son tres patitas que se tienen que abordar, está toda esta violencia contra las mujeres, pero si no hay una comprensión de las otras dos, no funciona.

“El trabajo con los hombres es bien importante, también con los mandos medios y superiores, a veces nos enfocamos muchísimo en los estudiantes y creemos que ahí es el trabajo, pero no podemos olvidar al personal docente, administrativo, que son quienes pueden producir eso cambios, actualmente estoy en la UNACH, soy coordinadora para la igualdad de género, hemos hecho varias cosas pero parte de lo que hemos hecho se puede encontrar fácilmente, por ejemplo hice mi tesis de doctorado sobre Erotismo en personas mayores, que también es una deuda, es preferible hablar de juventudes, pero necesitamos ponerle también canas al feminismo”, señaló, puedes localizarla al 9611132080 o escribirle a lilianabellatog@gmail.com.

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