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Muros que Narran: cuando el arte se convierte en salud, seguridad y comunidad

  • VANESSA TRACONIS QUEVEDO
  • 26 ago
  • 6 Min. de lectura

En 1969, un experimento social realizado en Estados Unidos en la Universidad de Stanford por el psicólogo Philip Zimbardo, dio origen a lo que hoy conocemos como la teoría de las “ventanas rotas”; el hallazgo fue simple pero poderoso: Cuando un entorno urbano muestra signos de abandono, —Una ventana rota, un grafiti deteriorado, una calle sucia— la percepción de inseguridad aumenta y con ello se multiplican los actos vandálicos y delictivos; por el contrario, cuando un espacio se cuida, se rehabilita y se resignifica, la comunidad lo hace suyo y se reduce la incidencia delictiva.

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Este experimento, en el que se abandonaron autos en la vía pública, sentó las bases para la teoría desarrollada posteriormente por James Q. Wilson y George Kelling, quienes la publicaron en 1982 y décadas después, en Medellín, Colombia, se presentaría uno de los ejemplos más emblemáticos de cómo el arte urbano, la participación ciudadana y la intervención social pueden transformar una ciudad estigmatizada por la violencia, en un referente de resiliencia y cultura que perdura hasta nuestros días.

Esa misma convicción inspira hoy, en México, a Fundación RedSalud Internacional con el programa “Muros que Narran”, un proyecto piloto que arranca en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, y que busca demostrar que el arte no solo embellece, sino que también sana, educa, integra y fortalece a las comunidades, tal como su lema lo resume: “Cada muro cuenta una historia, cada historia inspira un cambio.”


En un contexto donde los problemas sociales suelen ser invisibilizados y donde la cultura muchas veces queda reservada a élites o a quienes tienen acceso privilegiado, este programa responde a una necesidad concreta: Crear espacios de expresión comunitaria que sean inclusivos, accesibles y transformadores. Esta propuesta, que a pasos acelerados va cobrando vida, consiste en desarrollar murales que no son meros lienzos urbanos, sino plataformas narrativas que integran pintura, literatura, música y tecnología; de tal manera, cada mural estará acompañado de un cuento escrito, disponible también en braille y en audiocuento, accesible mediante un código QR, con ilustraciones animadas que permitirán a niñas, niños, adolescentes y adultos vivir una experiencia inmersiva gracias a la realidad aumentada y al mapping.

De esta forma, un muro no es solo color y trazo, es memoria colectiva, es voz de quienes nunca fueron escuchados, es herramienta de inclusión para personas con discapacidad visual, es arte que se oye, se lee y se siente, es, en definitiva, salud integral.

La Organización Mundial de la Salud y la psicología medio ambiental han señalado que los determinantes sociales del bienestar están estrechamente vinculados a los espacios que habitamos, un entorno deteriorado no solo incrementa la inseguridad, también agrava la ansiedad, la depresión y el aislamiento social; en contraste, la humanización de los espacios públicos favorece la cohesión social, reduce la percepción de riesgo y fortalece la resiliencia comunitaria. En términos de salud pública, embellecer y resignificar espacios urbanos es tan estratégico como garantizar acceso a medicamentos o promover estilos de vida saludables, es por ello que desde la perspectiva de  “Una Sola Salud” —Que entiende la salud humana, animal y ambiental como interdependientes—, un mural puede ser también un antídoto contra la violencia, la exclusión y la desigualdad.


Los datos refuerzan esta visión, en México, según cifras del INEGI (2023), el 67% de la población urbana se siente insegura en las calles de su colonia, y la Encuesta Nacional de Bienestar Auto Percibido muestra que la percepción de inseguridad es uno de los principales factores que afectan la calidad de vida; en dicho orden de ideas,  a nivel económico, el Banco Mundial ha documentado que la falta de espacios públicos seguros y adecuados incrementa los costos sociales asociados a la criminalidad y reduce la productividad de las comunidades; en contraparte, ambientalmente, la intervención con murales y proyectos de urbanismo táctico ha mostrado que la revitalización de un barrio puede disminuir hasta en un 30% la generación de residuos y actos vandálicos en la zona. La evidencia es clara: Invertir en arte y en la humanización del espacio no es un lujo, es una medida de seguridad, salud y desarrollo sostenible.


“Muros que Narran” nace, de una idea plasmada en esta misma columna en 2024, pero además, de un proceso colectivo, por ello en el marco de la Segunda Reunión Ordinaria de la Mesa Interinstitucional e Intersectorial del Bien Común presentamos este proyecto como un esfuerzo compartido entre artistas, escritores, músicos, universidades, instituciones públicas, empresas privadas y sociedad civil organizada; no es casualidad: El impacto de una obra se multiplica cuando la comunidad participa en su creación, porque lo que se construye entre muchos se protege, se cuida y se celebra entre todos.


El primer mural, titulado “El corazón de Yaxché”, cobra vida gracias al talento del pintor Gabriel Pozo, la pluma del escritor J.F. Domínguez y la musicalización realizada por la UNICACH –Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas–, sumados a la tecnología del equipo de Fundación RedSalud Internacional. En él, convergen símbolos ancestrales, memoria e identidad, pero también tecnología de punta que permitirá a los espectadores interactuar con el mural mediante realidad aumentada y mapping, asimismo, el cuento que lo acompaña estará disponible en formatos inclusivos para que ninguna persona quede excluida de esta experiencia, además que a través de un código QR se enlazarán sus ilustraciones con animaciones. Esta unión entre arte, literatura y tecnología demuestran que las buenas ideas florecen cuando se riegan con solidaridad y colaboración.

Algunos podrían pensar que un mural no cambia la vida de una comunidad, pero la historia demuestra lo contrario, en Medellín se logró recuperar colonias enteras con proyectos similares; en Ciudad de México, iniciativas de arte urbano comunitario han reducido la incidencia delictiva en hasta un 25% en zonas intervenidas, en Filadelfia, Pensilvania, zonas que eran reconocidas como de alta incidencia delictiva y abandono fueron recuperadas por la comunidad, y en países como Brasil y España, la participación artística ha sido utilizada como estrategia de reinserción social para jóvenes en situación de vulnerabilidad, de tal manera “Muros que Narran” se inscribe en esa corriente de innovación social que entiende que la cultura es un derecho, pero también una herramienta de transformación.


Lo verdaderamente trascendente es que este proyecto no busca pintar por pintar, ni dejar huellas decorativas en la ciudad; su objetivo, es contagiar buenas acciones, inspirar a pensar bien, hablar bien y hacer el bien; lo que se traduce en un experimento comunitario de salud social donde, como en la teoría de las ventanas rotas, mediremos el impacto de intervenir un espacio para que la comunidad se reapropie de él y lo convierta en un símbolo de cuidado colectivo.


De tal manera, este primer mural en Tuxtla Gutiérrez, constituye el eslabón primigenio de una larga cadena de hacer el bien y el compromiso comunitario, por lo que aspiramos a que cada ciudad y cada comunidad dónde Fundación RedSalud Internacional y Good Deeds Day (Día de las Buenas Acciones) tenga presencia pueda tener un muro que narre su propia historia, que rescate su memoria y que proyecte sus sueños, porque queremos que los niñas, niñas y adolescentes encuentren en él un motivo de orgullo; asimismo, que los adultos reconozcan en él parte de su identidad y que los visitantes se lleven el mensaje de que Chiapas y México también pueden hablar a través del arte, la inclusión y la innovación.


Hoy más que nunca, necesitamos iniciativas que unan en lugar de dividir, que iluminen en lugar de oscurecer, que construyan en lugar de destruir; “Muros que Narran” es eso: Una invitación a crear juntos, a reconocernos en lo colectivo, a apostar por la cultura como estrategia de salud, seguridad y desarrollo.

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El corazón de Yaxché ya late en Tuxtla, enseñándonos que la abundancia solo puede devenir del trabajo solidario y los anhelos compartidos, por ello, ahora hace falta que todos nos acerquemos a escucharlo, a sentirlo y a hacerlo nuestro, porque cada muro puede contar una historia, pero, solo juntos podemos hacer que esas historias transformen la realidad.

Ahora, la invitación está abierta: Artistas, instituciones, empresas, vecinos, estudiantes, soñadores; sumemos nuestras voces, nuestras manos y nuestras ideas; transformemos muros en narrativas de esperanza, espacios en símbolos de unión, y comunidades en territorios donde el bien común sea la norma y no la excepción.


“Muros que Narran” apenas comienza, lo que hoy parece una pintura, mañana será memoria, será orgullo y será el testimonio de que sí se pueden hacer grandes cosas cuando se construyen desde el sur, desde Chiapas, desde la fuerza de la comunidad.


​Si quieres ser participe y constructor de este espacio de dignificación comunitaria y salud social, puedes unirte contribuyendo económicamente o en especie a su consolidación: Las donaciones, deducibles de impuestos, pueden ser efectuadas por personas físicas o morales, y en cualquiera de ambos casos, según la cuantía, el logotipo o nombre de los donantes será incluido en el mural, la publicación del cuento y animaciones, dentro del espacio reservado para tal efecto.


Comentarios y mayor información al respecto para participar como donante: van.3467@gmail.com, 961 114 3400 y 961 479 1761.

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