• AFP

Pandemia y guerra afecta el abasto de los alimentos


En el momento actual renace la vieja discusión sobre la soberanía alimentaria y se reconoce la crítica situación alimentaria global. Los efectos de la pandemia de COVID 19 y de la invasión rusa a Ucrania a nivel global, y de la corrupción en Seguridad Alimentaria Mexicana (Segalmex) en nuestro país, se dejan sentir en la producción y acceso a los alimentos. En el primer aspecto, un impacto considerable de la pandemia es precisamente la interrupción de las cadenas de suministro de los alimentos en el mundo. Después de décadas del modelo agroalimentario neoliberal y globalizado, en el que los alimentos recorren distancias considerables y se privilegia la exportación, la crisis sanitaria generó dificultades insalvables para el abasto. Este modelo agroexportador ha generado fuertes impactos ambientales y laborales, y ha llevado a que las grandes corporaciones controlen la producción y abasto de los alimentos. Es importante recordar que para el neoliberalismo esto es lo deseable, y por décadas se presionó a los gobiernos de países periféricos para fomentarlo, en detrimento de las agriculturas campesinas familiares locales. Es un modelo frágil, pues además del riesgo sanitario de continuar con las cadenas globales, la mayoría de las empresas agroexportadoras funcionan con crédito, y ambos aspectos se afectaron con la pandemia, mientras que la agricultura campesina familiar, más relacionada con el autoconsumo y las economías locales, presentaron mayor resiliencia. Algo importante es el papel de la ganadería industrial en la aparición de diferentes pandemias, pues de los animales hacinados cerca de las ciudades, en condiciones inhumanas y con el sistema inmunológico debilitado, saltan virus que en otras condiciones no afectarían a los humanos. Esto es consecuencia de promover una alimentación con un alto contenido de proteína animal. Hay que recordar que la producción alimentaria ya estaba siendo afectada por el cambio climático previamente a la pandemia. La situación lleva a una preocupación mundial por la aparición de hambrunas, algo que ya se ve en algunas regiones de África en este momento. El cuadro de la producción alimentaria ya era crítico y apenas mostraba visos de recuperación (siguiendo el mismo modelo no sustentable anterior), cuando la invasión rusa a Ucrania agudizó la gravedad de la situación. En primera instancia son afectados los 10 millones de ucranianos que han tenido que dejar sus hogares. Ucrania y Rusia son importantes productores de alimentos e insumos: producen alrededor de la cuarta parte de las exportaciones mundiales del trigo y un significativo volumen de aceite de girasol y maíz, y Rusia es un gran exportador de fertilizante. Los efectos de la guerra se insertan en mercados previamente al alza por las afectaciones de la pandemia, con precios del trigo aumentando un 50% en cuestión de días. En las décadas recientes muchos países (como México) perdieron la autosuficiencia alimentaria debido a políticas que favorecieron este modelo globalizado. Dado el panorama descrito, es muy valioso que en nuestro país este gobierno haya dado un giro a favor de recuperar la soberanía alimentaria, y hay esfuerzos considerables para apoyar a productores medianos y pequeños de alimentos básicos, con programas como Producción para el Bienestar. Pese a ello, décadas de neoliberalismo dañaron severamente a este sector de agricultores y, junto con problemas derivados del cambio climático como la sequía, han sido causa de que recientemente las importaciones de alimentos se dispararan, las de maíz crecieron en un 63% durante el primer trimestre de 2021 en comparación con el mismo periodo del año anterior, con erogaciones crecientes debido a los altos precios internacionales por efecto de la pandemia y la guerra. Quizás más desalentador en la situación alimentaria es el fraude hecho por supuestos servidores públicos en Segalmex, quienes se dedicaron a desfalcar al erario.

El desfalco se calcula en 12 mil 806 millones 650 mil pesos, y hay 22 carpetas de investigación en la Fiscalía General de la República. Los funcionarios involucrados fueron destituidos y denunciados, y a la fecha hay un imputado, pero no deja de ser lamentable que un grupo de pillos (por lo menos 9) haya robado fondos públicos destinados a alimentos para los grupos de más escasos recursos, justo los más afectados por la crisis descrita. El panorama alimentario se pinta bastante complicado, tanto a nivel internacional como en nuestro país.

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