Tuxtla se seca mientras el dinero del agua desaparece, ¡Basta de abusos!
- Ron Orellana
- hace 5 horas
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Tuxtla Gutiérrez.- La vida en nuestra capital se ha convertido en un calvario diario donde la dignidad parece escurrirse entre las manos. Quienes habitamos las colonias de Tuxtla Gutiérrez sabemos que abrir la llave y solo escuchar el aire es una tortura que paraliza por completo el hogar. La desesperación empieza desde la madrugada, revisando una y otra vez la tuberÃa con la esperanza de oÃr un chorro que nunca llega, mientras vemos cómo la ropa sucia y los trastes se amontonan como monumentos al abandono.

Esta escasez crÃtica nos obliga a sacrificar el aseo personal y el de nuestros hijos, transformando una necesidad básica en una lucha por la supervivencia. Es humillante tener que reciclar el agua de la lavadora para poder usar el baño o andar cargando cubetas bajo el sol. Mientras tanto, el recibo de SMAPA llega puntual y cada vez más caro, cobrándonos por un servicio inexistente que está despedazando la economÃa de las familias que menos tienen.
El golpe al bolsillo es brutal, pues nos vemos forzados a pagar entre 300 y 1,000 pesos por una pipa, un gasto extra que nadie nos reembolsa y que nos quita el dinero de la comida. Este escenario parece planeado para beneficiar a unos cuantos proveedores y a personajes que han amasado fortunas inexplicables a costa de nuestra sed. Es insultante que, mientras el pueblo sufre, existan exfuncionarios con casas de lujo y colecciones de coches logradas bajo la sombra de una deuda millonaria ante la Conagua.
Lo que vivimos en Tuxtla ya no es una simple falla técnica, sino el resultado de un saqueo histórico donde el presupuesto se usó como caja chica. La infraestructura se cae a pedazos porque durante años se prefirió el enriquecimiento personal sobre el mantenimiento de las redes. Hoy, la ciudad paga las consecuencias de una administración opaca que dejó morir al organismo operador del agua mientras algunos "nuevos ricos" disfrutan de la opulencia.
La clase polÃtica actual y pasada solo nos ofrece un espectáculo de culpas mutuas en redes sociales que no llena ni un solo tinaco. Se lanzan acusaciones para deslindarse de su responsabilidad, pero ninguno ofrece una solución real para las colonias que llevan semanas secas. Para ellos, el agua es una moneda de cambio y una herramienta para sus campañas, demostrando una falta total de empatÃa con el sufrimiento del ciudadano de a pie.
Mientras los polÃticos se pasean en camionetas de lujo y viven en fraccionamientos donde el agua nunca falta, nosotros seguimos esperando una gota de justicia. Esta crisis es una ofensa social que nos deja una ciudad sedienta, endeudada y profundamente indignada. La pregunta es obligatoria para todos los que compartimos este sentimiento: ¿hasta cuándo permitiremos que nuestro derecho humano sea el botÃn de quienes solo ven a la ciudad como un negocio?




