Chiapas: el tiempo de cuidar lo que somos
- EDITORIAL
- 19 dic 2025
- 2 Min. de lectura

Chiapas es un estado que resiste, pero también que espera. Resiste porque su gente ha aprendido a salir adelante aun en medio de carencias históricas, desigualdades profundas y promesas incumplidas. Espera porque, pese a todo, mantiene viva la esperanza de que el desarrollo no sea solo un discurso, sino una realidad que alcance a todas las comunidades. Hablar de Chiapas es hablar de su diversidad cultural, de sus pueblos originarios, de su riqueza natural y de una identidad que se defiende todos los días desde lo comunitario. Sin embargo, esa riqueza convive con retos estructurales que no pueden seguir normalizándose: pobreza persistente, rezago en servicios básicos, falta de oportunidades para las juventudes y una deuda histórica con regiones enteras que han quedado al margen del progreso. Desde una mirada social, Chiapas enfrenta el desafío de fortalecer su tejido comunitario en un contexto de cambios acelerados. La migración, la informalidad y la violencia han dejado huellas visibles en muchas zonas del estado. Aun así, las comunidades siguen siendo el principal sostén social, el espacio donde se preservan valores, tradiciones y formas solidarias de organización. Políticamente, Chiapas requiere gobiernos que escuchen más y administren menos desde el escritorio. Gobernar un estado con esta complejidad exige presencia territorial, diálogo constante y decisiones que partan de la realidad local. No se trata solo de ejecutar programas, sino de construir políticas públicas con enfoque humano, intercultural y de largo plazo. El desarrollo de Chiapas no puede seguir dependiendo de esfuerzos aislados o de coyunturas temporales. La inversión en educación, salud, infraestructura y cuidado del medio ambiente debe ser entendida como una estrategia integral, no como acciones fragmentadas. Apostar por el bienestar social es, al final, la forma más eficaz de garantizar estabilidad y futuro. Chiapas también enfrenta el reto de reconciliar crecimiento con sostenibilidad. La protección de selvas, ríos y territorios no es un obstáculo para el desarrollo, sino una condición indispensable para que este sea duradero. Cuidar la tierra es cuidar a quienes viven de ella y a quienes heredarán este estado. Hoy, Chiapas se encuentra en un punto de definición. Puede seguir cargando inercias del pasado o decidirse a transformar su presente con responsabilidad y visión. El camino no es sencillo, pero es posible si se coloca al pueblo en el centro de las decisiones. Porque Chiapas no solo necesita avanzar; necesita hacerlo sin perder su esencia, su dignidad y su memoria colectiva.








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