Colapso en la Franja: Plagas de roedores y escasez de agua agudizan la crisis humanitaria en Gaza
- Redacción
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Gaza, (EFE)- A casi ocho meses de un acuerdo de alto el fuego que no ha detenido las hostilidades, la situación de los dos millones de habitantes en la Franja de Gaza ha alcanzado niveles críticos. La población civil sobrevive en campamentos de tiendas de campaña rodeados por millones de toneladas de escombros y basura, enfrentando ahora una severa proliferación de plagas de roedores, enfermedades cutáneas y una reducción drástica en el flujo de la asistencia internacional.

El panorama de insalubridad se ha visto agravado por el veto israelí a la entrada de insumos básicos. De acuerdo con organizaciones médicas sobre el terreno como MedGlobal, la acumulación de residuos fecales y desechos sólidos está contaminando de forma irreversible los mantos acuíferos, detonando brotes masivos de infecciones respiratorias agudas y diarrea debido a la nula disponibilidad de agua potable. A esto se suma la presencia generalizada de ratas en los vertederos improvisados, las cuales atacan de noche a los niños en las áreas de refugio.
La crisis de infraestructura mantiene al territorio en un apagón casi total desde el inicio del conflicto en octubre de 2023, cuando se cortó el suministro eléctrico directo. El funcionamiento de hospitales, quirófanos y plantas desalinizadoras depende exclusivamente de paneles solares y generadores de combustión. Sin embargo, el Gobierno de Israel mantiene bloqueada la introducción de refacciones y dinamos tras clasificarlos como artículos de 'doble uso' (civil y militar), provocando un colapso energético inminente a medida que los equipos actuales se sobrecargan o se quedan sin combustible.
En el plano de la asistencia social, el panorama es adverso tras el aval de la Corte Suprema israelí para exigir un nuevo registro obligatorio a las agencias internacionales, bajo la advertencia de expulsar a más de una treintena de ONG —incluyendo a Oxfam y Médicos Sin Fronteras— si no entregan información personal de sus empleados palestinos antes de concluir el mes. Paralelamente, comedores comunitarios como los de World Central Kitchen (WCK) se han visto obligados a reducir sus raciones de comida al 50% debido a severas presiones financieras, concentrando sus misiones de supervivencia en orfanatos y los pocos centros médicos que logran sostenerse en pie.








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