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El estancamiento crónico de México

  • EDITORIAL
  • hace 1 día
  • 2 Min. de lectura

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Durante más de una década, la promesa de un México en crecimiento constante ha servido de banderín político para quienes gobiernan. Sin embargo, los hechos recientes apuntan hacia una realidad muy distinta: una economía estancada, con altibajos, crisis y un crecimiento insuficiente que fragiliza el bienestar colectivo. Aun cuando algunos años recientes muestran cifras positivas como el crecimiento de 6 % en 2021 tras la caída de 2020 por la pandemia desde entonces el progreso ha sido tibio. En 2022 el crecimiento fue de 3.7 % y en 2023 rondó los 3.33.2 %. Pero ya para 2024, el repunte se moderó: el crecimiento real del PIB se ubicó en apenas 1.45 %. Esta oscilación revela un problema estructural: un crecimiento basado en picos de recuperación más que en una senda sostenida. Si consideramos la población en crecimiento, el impacto en ingreso per cápita y calidad de vida se diluye muchas familias siguen estancadas, las oportunidades laborales no alcanzan, y los servicios públicos no crecen al ritmo que se requiere. ¿Qué ha fallado?, Débil inversión y asignaciones focalizadas. A pesar de que recientemente se reportó un nivel récord en inversión extranjera directa para 2024, los nuevos proyectos han caído considerablemente. Sector industrial y manufacturero rezagados. La industria, motor tradicional del empleo y la exportación, ha sufrido contracciones y baja productividad. En 2025, por ejemplo, se reportó una caída de la actividad industrial que provocó una contracción trimestral del PIB.  Políticas económicas inconsistentes, dependencia del consumo interno y falta de diversificación. El modelo de crecimiento parece depender demasiado del consumo interno y de remesas o inversión extranjera, en vez de una base sólida de industria, infraestructura y desarrollo tecnológico. Consecuencias para la sociedad: El estancamiento económico de México no solo es una serie de números: se traduce en oportunidades perdidas. Para millones, significa empleo precario, bajos salarios reales, servicios públicos insuficientes, migración en busca de mejores horizontes. Significa también una deuda intergeneracional: una economía que no crece, no genera riqueza estable, y limita el futuro de quienes buscan un proyecto de vida digno dentro del país. Un llamado urgente: replantear el rumbo: Si México aspira a romper este estancamiento, urge más que promesas: se necesita una política económica consistente que fomente inversión productiva, innovación, diversificación industrial, infraestructura; un ambiente de negocios confiable, con regulaciones claras, combate real a la corrupción y seguridad jurídica; inversiones estratégicas en educación, salud y desarrollo social que potencien capital humano.  Porque no basta con cifras positivas ocasionales; se necesita una senda de crecimiento sostenido que genere bienestar palpable. Si no, seguiremos condenados, otros países avanzan, mientras nosotros seguiremos anclados en la queja, el subempleo y la incertidumbre. Y eso no es solo una falla económica: es una afrenta a las generaciones presentes y futuras.

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