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El “malo” de Guede

Annete Lewis

deportes@sie7edechiapas.com.mx


Que se sepa hoy que Pablo Guede no era una blanca paloma y que parecía más un capataz que era flexible con su familia y exigente con su club, no es más que la triste historia del jugador agachón, del directivo complaciente y de muchas otras cosas que suceden en el futbol mexicano, pero que únicamente se saben cuando el “señalado” ya no está.

Para nadie debe ser un secreto este tipo de prácticas, en nuestro país sucede hasta el los equipos de tercera división profesional; es más, hasta el que dirige en un equipo amateur, suele tener sus pretensiones y quien busca contar con ese servicio, cede y se ajusta.

En Jaguares, por ejemplo, se habla de Sergio Bueno y de cómo en los últimos torneos en Jaguares y de Jaguares versión Puebla, basta con acercarse con la gente que todavía trabaja en el Víctor Manuel Reyna y pedir alguna referencia, los jardineros, los de vigilancia. El estratega dictaba hasta en qué dirección debía usarse la escoba para barrer los pasillos del estadio; en fin, ya de los temas que le atañen, ya ni qué decir, como el trabajo de cancha, la misma cancha y el resto.

Hay entrenadores que tienen exigencias varias, como contratar cuerpos técnicos bastante amplios y auxiliares que no tienen que ver en la cancha, personal que se encarga de su propia utilería y así, consintiendo al estratega para que se vayan dando una idea. No tiene la culpa el que pide, es más culpa de quien da y más de quien lo permite, cuando se supone que en el futbol hay códigos, que los jugadores que también tienen peso específico en el vestidor, lo acepten.

¿Qué por qué no se pueden asociar los jugadores y crear un gremio por eso?, pues aquí hay una de esas respuestas, porque en el afán del bien general, habrá quien pierda sus beneficios particulares y so no cualquiera lo sacrifica y menos por alguien que va comenzando su carrera. Pasa todos los días, en todos los equipos de nuestro país y en todas las categorías.

Que es una nota que vende, claro, pro también desnuda al Necaxa, a su estructura que aceptó estas peticiones por un entrenador que, meses después, no consigue los resultados que esperaban. Pablo Guede hace mal, claro también, pero es un hecho que pedir no empobrece, como pasa con soñar. El tema vuelve a poner en el foco a quienes aceptan, quienes ceden y cada vez colocan el listón más alto para que los entrenadores pidan y encima, sin tener algo que presumir. Guede tiene como máximo logro haber metido a Monarcas a una semifinal, después se quejan por lo que pide Aguirre de salario y esos temas.


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