En la cuerda floja
- EDITORIAL
- 20 sept 2024
- 3 Min. de lectura

Cada vez se escucha más que la calificación crediticia de México está en riesgo, pero no todos entienden de manera clara que es esto y cuáles son las implicaciones. Algunos piensan que es la calificación que da un banco o institución financiera, otros piensan que se refiere a la que proporciona algún gobierno. Otros opinan que no importa porque nuestro país es soberano. Y esto es por los mayores riesgos que, de un tiempo para acá, implica comprar bonos mexicanos. El hecho duro y macizo es que ya ocurrió. México ya fue degradado por los inversionistas, antes de que las calificadoras de riesgos lo hagan formalmente. Se lo explico con peras y manzanas. Si usted tiene una tarjeta de crédito bancaria, su banco le asignará internamente “una calificación” de acuerdo con el manejo que haga de su crédito autorizado. Si tiene un buen récord porque paga mensualmente el total de sus gastos, o si paga puntualmente sus mensualidades al usar el crédito que le ofrece la tarjeta, o si no excede su límite de crédito, entonces el banco le calificará como un cliente de bajo riesgo y le ofrecerá una tasa de interés más baja que otros que considera de mayor riesgo. Pues, más o menos lo mismo ocurre con los gobiernos de los países. Hay agencias calificadoras (Moody’s, Standard & Poor’s, Fitch) que evalúan el riesgo de impago de los gobiernos y les asignan una calificación. Ahora mismo, la deuda del gobierno mexicano se encuentra en el nivel inferior de los países con bajo riesgo de incumplimiento. Pero, ojo, está a nada de ser calificado como una inversión para especuladores. Mientras que las calificadoras se toman su tiempo para emitir una nueva nota, en el día a día hay una especie de “seguros” cuyos precios (o primas) nos dan una buena idea del nivel de riesgo que tiene la deuda de cada país, mucho antes de que lo hagan formalmente las calificadoras. Es allí, en el día a día, en el que la deuda mexicana ya se cotiza como una de mayor riesgo que lo que indica su última calificación. De hecho, países con la misma calificación que México, como Indonesia o Italia, o incluso países con un peldaño más bajo de calificación que México, como India, Grecia o Perú, tienen una prima de riesgo menor que la mexicana.
La razón es una: El mayor riesgo de comprar deuda del gobierno mexicano se debe a unas finanzas públicas bajo cuestionamiento (déficit amplio), al menor crecimiento económico esperado, y a nuevos riesgos institucionales (gobernanza) derivados de las reformas de la que tanto se habla. Y si se pregunta ¿qué implicaciones tiene para nosotros, los simples mortales, que la deuda mexicana se haya degradado? La respuesta directa es simple: Así como el banco cobra tasas de interés más altas a sus clientes de mayor riesgo por la mala gestión de su línea de crédito, así también los inversionistas le exigen a México más tasa de rendimiento por comprar sus bonos, obligando al gobierno a destinar más recursos públicos para pagar intereses de la deuda. Y eso significa que habrá menos dinero disponible para educación, salud, programas sociales, inversión pública, entre otros. Es decir, mis estimados, eso de mandar al diablo las instituciones no son dichos gratuitos; tienen un costo que ya estamos pagando y que pagaremos en el futuro. Ahora bien ¿se puede revertir la degradación para México que ya anuncian los mercados financieros? Supongo que sí. Pero eso requiere la visión y sensatez de quien asumirá el poder en 12 días. En el caso de que se rebaje la calificación crediticia de México por estas empresas a nivel de riesgo, tendría un impacto grave en la situación económica del país durante los próximos años. Las tasas de interés internas serían más elevadas, se reducirían los proyectos de largo plazo, como carreteras, presas, hipotecas, etcétera. Los consumidores pagarían una mayor tasa en sus tarjetas de crédito y el crecimiento económico sería menor. El principal perjudicado sería el gobierno federal por el monto de su deuda. Para recuperar el grado de inversión pasarían varios años de esfuerzo fiscal. Preocupa que los mercados ya están ‘descontando’, es decir, anticipando este riesgo, lo que explica el tipo de cambio y la presión en el mercado de deuda.







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