La aventura de ser mamá: Cada ocho horas
- ALEJANDRA OROZCO
- 13 may 2024
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 23 jun 2024
Tuxtla.- Esta semana, como ya tiene que no pasaba, volvimos a experimentar la enfermedad de cerca, ya hacía unos días ambas habían estado enfermitas pero ahora Elisa recayó con más fuerza, esto del calor, los cambios de temperatura y los virus está cañón, ahora ha estado mala de la panza, y apenas le empezó la temperatura y se le agudizó la tos, nos tememos que sea influenza o alguna enfermedad viral de este tipo, y la verdad es que todo se empeora con tanto calor.
El decir que para uno como papá, una de las peores cosas es que tus hijos se enfermen suena a cliché, pero es la verdad, a mi naturalmente me angustia, pero Rodrigo se pone de malas y busca quién se las pague aunque nadie tenga la culpa, llena de impotencia verlas así, indefensas, sintiéndose mal, y de verdad te arrepientes de todas las veces que deseaste que se calmaran un poquito porque estaban del tingo al tango.
Y ahí es donde te das cuenta que el tiempo es relativo: te mandan medicamentos cada ocho horas, se los das, y quieres que les hagan efecto de inmediato, pasa una, pasan dos horas y la fiebre sigue, le hablas desesperada al doctor y te dice que aún es pronto, que la fiebre dura de tres a cinco días y que solo queda alternar paracetamol e ibuprofeno, ser paciente, pero ¿cómo ser paciente cuando siento que mi hija está ardiendo y la veo ahí tirada, sin ganas de nada, sin poder dormir?
Te la pasas checando el termómetro, no le confías, del digital pasas al tradicional, le pones trapos helados, la tratas de refrescar, le quieres dar electrolitos, la quieres abrazar pero a la vez sientes que la estás acalorando más y la sueltas, así sigue la angustia, hasta que de pronto la temperatura comienza a bajar, empieza a sudar y sientes que ya puedes cantar victoria.
Cuando comienza a haber mejoría, sientes que ya llevas las de ganar, hasta que al cabo de unas horas comienza de nuevo el bajón, empieza a subir la temperatura, y sin darte cuenta ya pasaron ocho horas y ya toca darle la medicina otra vez: otra vez a llenar vasitos dosificadores, jeringas y a disolver polvos, y así es tener a un hijo enfermo, se te van los días entre horarios de medicina, pedidos a la farmacia y poner el mundo en pausa hasta que la cría esté mejor.
Cuando lo trato de ver desde otra perspectiva, pienso que realmente exagero, comparado con aquellos papás cuyos hijos libran batallas mucho más difíciles de lo que uno puede imaginar, niños con cáncer, con discapacidades, y con un sinfín de padecimientos que te hacen voltear a ver su gripa y agradecerla, valorarla, y esperar nada más que se recupere pronto.
A cada papá le toca librar sus propias batallas junto con sus hijos, no es cuestión de minimizar unas u otras, sino de estar preparados ante la situación, buscar siempre la opinión del médico y no dejarse llevar solo por los remedios caseros o las experiencias de amigos o conocidos, cada organismo es distinto y siempre hay que decir la recomendación de un profesional.
Y mucho ojo con este calor, extremen precauciones, denle mucha agua a los peques, eviten que se estén metiendo cosas a la boca o que coman cosas en vía pública, denles probióticos o algo que refuerce su sistema digestivo, y denles frutas y verduras frescas, hay que cuidarlos de más, aunado a un esquema de vacunación completo.










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