La niƱez violentada: una deuda urgente de Chiapas
- EDITORIAL
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El caso de la niƱa indĆgena de 10 aƱos que dio a luz y hoy se encuentra en terapia intensiva en el Hospital de las Culturas, en San Cristóbal de Las Casas, no es un hecho aislado. Es una herida abierta que exhibe una de las realidades mĆ”s dolorosas y silenciadas de Chiapas: la pederastia y la violencia sexual contra niƱas en comunidades indĆgenas, amparadas por el miedo, la impunidad y la omisión institucional. Que una menor llegue a un hospital tras un embarazo forzado no puede reducirse a una nota roja ni a una anĆ©cdota desafortunada. Es la consecuencia directa de un sistema que ha fallado en proteger a la infancia mĆ”s vulnerable. DetrĆ”s de este caso hay un delito grave, un agresor que debe ser identificado y castigado, pero tambiĆ©n una cadena de silencios, encubrimientos y ausencias del Estado. En muchas comunidades indĆgenas, la violencia sexual contra niƱas permanece oculta bajo el peso de la costumbre mal entendida, del āasĆ ha sido siempreā, del miedo a denunciar y de la lejanĆa institucional. La pobreza, el analfabetismo, la falta de acceso a la justicia y la desigualdad de gĆ©nero crean un entorno donde los agresores encuentran protección y las vĆctimas, abandono. Desde una perspectiva polĆtica y social, es inadmisible que el discurso de respeto a los pueblos originarios sea utilizado como excusa para tolerar violaciones graves a los derechos humanos. Ninguna costumbre, tradición o prĆ”ctica cultural estĆ” por encima del derecho de una niƱa a vivir libre de violencia. Proteger la identidad cultural no puede significar cerrar los ojos ante el abuso. La gravedad del estado de salud de esta menor interpela directamente al Estado. No basta con atenderla mĆ©dicamente; se requiere una respuesta integral que incluya investigación inmediata, sanción ejemplar a los responsables, acompaƱamiento psicológico permanente y garantĆas de no repetición. La justicia no puede llegar tarde ni diluirse en trĆ”mites burocrĆ”ticos. Chiapas enfrenta una deuda histórica con sus niƱas. La pederastia no se combate solo con condenas pĆŗblicas, sino con presencia institucional real en las comunidades, educación sexual con enfoque intercultural, sistemas de denuncia accesibles, protección efectiva y autoridades que actĆŗen aun cuando el delito ocurra en los espacios mĆ”s cerrados y difĆciles. Este caso debe marcar un antes y un despuĆ©s. La niƱez indĆgena no puede seguir siendo invisible, ni sacrificada en nombre de usos y costumbres distorsionados o de la indiferencia gubernamental. Cada niƱa violentada es un fracaso colectivo. Porque un estado que no protege a sus niƱas no puede hablar de justicia social. Y Chiapas ya no puede permitirse seguir callando.




