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Las comunidades LGBTQ+ en México

  • EDITORIAL
  • 24 sept
  • 3 Min. de lectura

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Según la Encuesta Nacional sobre Diversidad Sexual y de Género (ENDISEG) 2021, 4.4 % de las personas adultas en México se identifican como parte de la comunidad LGBTQ+. Esto equivale a más de 3.6 millones de personas, ¡más que toda la población de la zona metropolitana de Puebla-Tlaxcala, la cuarta más grande del país!. La ENDISEG fue un esfuerzo pionero en México, diseñada por el INEGI con mecanismos especiales de anonimidad y privacidad. En un artículo académico publicado en el Journal of Economic Behavior & Organization, Emilio Gutiérrez y yo analizamos estos resultados. La ENDISEG entrevistó a más de 44 mil personas, de las cuales 41,540 fueron adultas entre 18 y 85 años, la submuestra en la que nos concentramos. Al ser una encuesta representativa a nivel nacional, no solo se capturan identidades LGBTQ+, sino que también es posible compararlas con la población cisgénero heterosexual. Existe una gran diversidad de identidades sexogenéricas, y términos con los cuáles las personas se autodenominan. Una persona cisgénero se identifica con el género que le fue asignado al nacer; una persona trans, no. Las personas no binaries no se reconocen dentro del espectro hombre-mujer. En cuanto a orientación, las personas heterosexuales se sienten atraídas hacia personas de otro género; los hombres gays y mujeres lesbianas, hacia el mismo; las personas bisexuales hacia ambos, y hay otras, como pansexuales o asexuales, que agrupamos como orientaciones queer, aunque el término queer también representa el espectro completo LGBTQ+. Aquí uso entonces el término LGBTQ+ para referir a todas las identidades distintas a la cisheterosexualidad, reconociendo que es una categoría amplia y no homogénea. Existe un cambio generacional en identidades LGBTQ+, pues entre personas más jóvenes existe una mayor proporción que se autoidentifica como LGBTQ+. Por ejemplo, entre mujeres cisgénero de 18 a 25 años, 10.4 % se identifica como lesbiana, bisexual o queer, pero entre las de 36 a 45 años, solo 2.5 %. Igualmente, entre hombres cis, 7.7 % de los jóvenes se identifica como gay, bisexual o queer, contra 2.5 % de los de 36 a 45 años. Aunque la encuesta garantice anonimidad y privacidad, creemos que estas diferencias generacionales pueden ser consecuencia de que algunas personas no sientan la confianza suficiente para autorreconocerse como LGBTQ+. La ENDISEG también mide actitudes hacia la diversidad: preguntando si se está de acuerdo con el matrimonio igualitario, la adopción por parejas del mismo sexo y las muestras de afecto en público entre personas del mismo sexo. Estas preguntas son métricas estándar de aceptación de la comunidad LGBTQ+ porque se enfocan en derechos básicos. Construimos entonces un indicador que señala oposición a al menos uno de estos tres elementos, lo cual interpretamos como una expresión de homofobia. 2 de cada 3 personas cisheterosexuales en México se oponen al menos a uno de estos derechos. Pero incluso entre la población LGBTQ+ encontramos rechazo: 1 de cada 3 está en contra de al menos uno, aunque con menor prevalencia y más concentrado en generaciones mayores. La homofobia no se queda en opiniones abstractas: tiene consecuencias en el bienestar de la comunidad LGBTQ+. La ENDISEG nos permite analizar varios indicadores. En términos de salir del clóset, 14 % nunca ha compartido su identidad con nadie, y 43 % no lo ha hecho con su madre y/o padre. Entre algunos grupos, las diferencias generacionales son alarmantes: por ejemplo, entre hombres gays mayores de 40 años, casi la mitad no ha salido del clóset con sus padres, contra solo 21 % entre los más jóvenes. En el ámbito de salud mental las diferencias son preocupantes. Por ejemplo, 41 % de la población LGBTQ+ reporta haber tenido depresión en los últimos 12 meses, frente a 28 % del resto. Es importante señalar que estos son autorreportes y no diagnósticos, lo que puede implicar cierto error de medición. Sin embargo, para intentos de suicidio, que es menos susceptible a sesgos, encontramos una diferencia aún más grave, pues las personas LGBTQ+ tienen tres veces más probabilidad de haber tenido un intento de suicidio. Estos datos revelan un país en transición: una generación joven LGBTQ+ más visible y abierta, pero que todavía vive con altos niveles de rechazo y un impacto profundo en su bienestar. La paradoja es clara: cada avance en visibilidad convive con costos sociales que siguen siendo demasiado altos. Y si así de grandes son las diferencias de bienestar en la vida personal, vale la pena preguntarnos qué ocurre en otro ámbito central: el mercado laboral. Pero eso lo dejo para un próximo texto.

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