• AFP

Las crisis de la inseguridad, las violencias y las injusticias se han prolongado


Si alguien enfrenta un problema que ha tratado de resolver por mucho tiempo, sin lograrlo, lo primero que debe hacer es “parar las máquinas” y discernir qué es lo que ya intentó y por qué haciendo tal o cual cosa el resultado esperado no llegó. Solo así, entendiendo bien lo ya hecho, se puede tratar de hacer algo diferente. Lo mismo sucede o debería suceder con las políticas públicas en general y con la de seguridad, justicia y paz en lo particular. Si los gobiernos quieren hacer lo necesario para construirlas, deben primero ponderar sus fracasos y luego cambiar. Exactamente lo mismo aplica a las comunidades; les toca recapitular, entender y cambiar. Parece una obviedad; nada de eso. De hecho, la investigación desde diversas disciplinas enseña que las instituciones, como las personas y sus comunidades, tienden a repetir lo que saben hacer y muchas veces resisten el cambio, incluso de manera intuitiva, para proteger ese saber conocido. En México las crisis de la inseguridad, las violencias y las injusticias se han prolongado y no obstante haber testificado atrocidades extremas calificadas como generalizadas, por ejemplo, por parte de la Organización de las Naciones Unidas, y así documentadas cada vez más y mejor por actores oficiales e independientes múltiples, en general no se han verificado los cambios necesarios y suficientes -siempre hay excepciones. Muchas veces caemos en el error de confundir la cantidad con la calidad de las decisiones y las acciones. ¿Qué significa eso? Yo lo conozco como el modelo incremental: se cree que hacer más quiere decir hacerlo mejor. Sucede igual con las decisiones, las acciones y los recursos y esta percepción permea a gobiernos y a sociedad cuando se trata de la seguridad y la justicia; el ejemplo quizá más recurrente es el crecimiento del despliegue armado policial y militar, inclinación que provoca la aceptación generalizada precisamente porque se cree que si hay más los resultados serán mejores. Pues no. De hecho, hacer lo mismo, pero con más recursos, es una de las estratagemas más utilizadas desde el paradigma autoritario de seguridad que precisamente se justifica porque gasta más, independientemente de que los resultados para la gente no sean los prometidos. Es una especie de espejismo: nadie o casi nadie se opone a que haya más recursos para la seguridad, la mayoría de las veces sin que se evalúe con los métodos aceptados si ello realmente equivale a un mejor resultado. Pues no. De hecho, hacer lo mismo, pero con más recursos, es una de las estratagemas más utilizadas desde el paradigma autoritario de seguridad que precisamente se justifica porque gasta más, independientemente de que los resultados para la gente no sean los prometidos. Es una especie de espejismo: nadie o casi nadie se opone a que haya más recursos para la seguridad, la mayoría de las veces sin que se evalúe con los métodos aceptados si ello realmente equivale a un mejor resultado. Mirémoslo desde este otro ángulo: la inexperiencia generalizada respecto a la construcción colectiva de la seguridad, la justicia y la paz abona al riesgo de la repetición. Como escribí antes, recurrimos a lo que conocemos y desde luego nos faltan ideas ante lo que no conocemos. ¿Qué hacemos?. Analizar, dialogar, escuchar, descifrar lo que enfrentamos. Usar el tiempo para la indagación profunda, tratando de discernir los componentes de nuestra tragedia colectiva. Y en sentido opuesto, evitar a toda costa la simplificación, abriendo el espectro de saberes, miradas, voces e historias a ser convocadas a la reflexión. Es el primer paso para reescribir esta historia: poner freno ante la alta velocidad que impone la urgencia y que es usada una y otra vez justamente para impedir el pensamiento y actuar cayendo en las mismas rutinas que nos han traído acá. Y algo más: siempre hay personas y grupos beneficiarios del dolor.


El análisis debe revelar hasta lo más posible quién se ha beneficiado y se beneficia en y de estas crisis; quiénes viven de ellas y quiénes acumulan poder y recursos gracias a ellas. Ahí habrá siempre otra resistencia al cambio, la que está incentivada por la acumulación de rentas asociadas a los mercados legales e ilegales que florecen con las violencias. Cuando más imperativo es encontrar las soluciones es justo cuando más debemos alejarnos del solucionismo mecánico. Se imponen complejas decisiones estratégicas y metodológicas para acometer la reconstrucción sin caer en lo mismo.

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