María Elena Tovar, haciendo historia mediante la Historia
- ALEJANDRA OROZCO
- 16 dic 2025
- 10 Min. de lectura
Tuxtla.- María Elena Tovar nació en Chignahuapan, un lugar hermoso de la sierra del norte de Puebla, de tradición prehispánica náhuatl, su nombre quiere decir ‘lugar de las nueve fuentes’, y es que para el mundo prehispánico el agua era sumamente importante, hasta la fecha todavía hay aguas termales que son muy populares en la zona, a donde de niña, la llevaba su padre a recrearse, ella es historiadora, y algo que aprendió es que el pasado nos ayuda para comprender el presente, eso lo aplicó en su vida, porque había situaciones en casa que no entendía mucho.

“Yo soy la mayor de nueve hermanos, tres hermanas y el resto son hombres, dentro de la tradición cultural y educativa de la casa, con mis abuelos y lo que veíamos de los tíos, es que los hombres tenían más permiso de hacer y las mujeres debíamos hacer, yo siendo la mayor, me acostumbré, porque era lo normal hacer la limpieza, los quehaceres, no tenía yo ningún problema porque ayudaba a mi madre, para mí eso era muy satisfactorio y además aprendía, pero era una forma cultural de que las mujeres tenían una responsabilidad siempre dentro del ámbito doméstico y los hombres tenían mucho más permiso de hacer”, relató.
Cuando se empezó a dar cuenta de ello, de que a sus hermanos no se les obligaba, por ejemplo, a llevar su plato, sino que ella se los tenía que levantar o servir, o cuando empezaban ya en la adolescencia a querer salir, las mujeres no y ellos sí, ella siempre se cuestionó todo este tipo de cosas, su abuela le decía, así es, mi hijita, así ha sido siempre, pero no se quedaba satisfecha con esas preguntas y siempre, durante sus estudios, le gustó mucho la historia, entonces ahondaba, leía, se cuestionaba, hasta que llegó a decidir plenamente que quería ser historiadora, ahí empezó.
“Mi padre era médico, entonces me gustaba la medicina, porque mi papá siempre me daba libros, me educó en ese sentido de entérate, y me gustaba mucho saber de historia de la medicina, yo me leía los reportes que traían de históricos de la medicina y cosas de ese tipo y decía, quiero ser médico, pero no me gustaba operar, nada de esas cosas, mi línea era saber historia, ya cuando entendí que lo que a mí me gustaba era saber en antecedentes, cómo operaban, quiénes lo hacían, con qué instrumentos, qué beneficios tenían, hasta dónde habían llegado, yo siempre me coloco en referencias históricas porque tuve la fortuna de tener abuelos, íbamos muy seguido a su casa, entrábamos a un espacio de normas conservadoras donde el buen hablar, el decir las cosas bien, el no gastar tu saliva en mentir, el conservar tu dignidad, tu palabra, no robes, no mientas, pórtate bien y sobre todo intégrate bien a la familia, había normas fuertes”, recordó.
Todo ese tipo de cosas, al ir creciendo las va haciendo suyas, hasta que llegó a la universidad y empezó a estudiar realmente Historia de México, el papel de la Iglesia y el papel de los liberales, porque le toca no nada más estudiar la época hispánica, sino la época colonial, cuáles son las bases, que se parecían mucho a las normas que le enseñaron en casa, entonces empezó a entender que la época colonial se había acabado, pero las tradiciones y el formato ideológico en muchas cosas seguía, por ejemplo, un dato que le daban sus abuelos: por favor, mejora siempre la raza, fíjate bien con quién te vas a casar.
“Cuando llego a la universidad y empiezo a estudiar todo eso, veo que hay una correlación de cómo se hacía la comida, por ejemplo en Puebla, con muchos elementos hispánicos, pero con combinación hispánica, el mole, los chiles en nogada, los guauzontles, el utilizar la masa y hacer todas esas combinaciones tan ricas que salían, mi abuela era magnífica cocinera, mi madre aprendió y yo aprendí en la cocina porque me llevaban, cuando te cases tienes que hacer bien esto y esto, había un formato, luego empiezo a ver todas las castas sociales hechas en la época colonial según la combinación de estatus social y de color de piel, ver que todo mi medio respondía a un hecho histórico, entonces me quedó muy claro que el conocimiento del pasado explica el presente, lo viví, no fue nada más teoría”, señaló.
Nacida en 1950, exactamente a la mitad del siglo XX, tiene abuelos que nacieron en el XIX, que le participan su visión histórica, le hablaba su abuela de los bailes de Don Porfirio, donde sus hermanas iban, ella se imaginaba tantas cosas, y cuando las estudia y ve qué fue el Porfiriato, todas estas cosas, tenían una relación más cercana con el espacio de familia; la UNAM, para ese entonces, los formaba para entender, reflexionar, a ella le gustó mucho Historia de México, antes tenía que estudiar Historia Mundial, pero cuando ya tenían que definir, se dedica a estudiar México en el siglo XIX,l, el servicio social no era cuestión de ir a una oficina a arreglar papeles, sino iban a instituciones.
“Yo fui al Politécnico Nacional y llevaba grupos de estudiantes a recorrer la Ciudad de México para demostrarles la historia en vivo, aquí tenemos el Zócalo, ustedes ven esto, que corresponde a la época colonial, la historia, pero abajo tenemos las bases prehispánicas, y los llevaba a ver las pirámides que hay abajo y luego los descubrimientos que hicieron, era muy rico, eso a mí me llenaba de vitalidad, eran grupos grandes, alrededor de 40 jóvenes, pero ¿cómo lograba su atención en algo que no les interesaba mucho? Porque eran cosas más técnicas, sin embargo, el Instituto Nacional de Historia hacía convenios con el Politécnico para hacer rutas históricas y nos llamaba a nosotros, los historiadores, que todavía estábamos estudiando y haciendo servicio social, lógicamente no cobrábamos nada, hacíamos todas esas rutas y aprendíamos de una forma increíble”.
Así, conoció muchos lugares de México, se empapaba del conocimiento y vibraba al explicar la historia, sentía que era una pasión, y es que en la historia de México ha habido momentos muy duros, en su caso se conjuntaban jóvenes coreanos que querían estudiar Historia de México, o argentinos, de Perú, se hacían grupos muy diversos, muy enriquecedores, tuvo compañeros brasileños que se llevaban increíblemente bien, y aprendían de ambos países, ella escogió la maestría en Estudios Latinoamericanos, entonces tenía que abrirse al resto de los países y estudiar sus historias, leer forzoso a Galeano, con las venas abiertas, y entonces enterarse de muchas cosas, cuestionarlas, ver los dos enfoques, México es muy parecido también al resto de Hispanoamérica, pero se preguntaba qué es lo que más le dolió.
“Había momentos en las clases que los alumnos, incluyéndome, llorábamos, yo decía, ¿cómo es posible que estamos en maestría y estemos llorando? Llorábamos de impotencia, de coraje, de saber la fuerza y el impacto de la injusticia, ahí viene todo esto de pensar, por qué la injusticia, quién la propicia, por qué se hace, hay grupos que estaban de acuerdo, entonces empieza uno también a entender el factor internacional y los intereses externos, ahí es donde viene la visión de darnos cuenta de la historia económica, entonces empezamos a estudiar historia económica y a entenderla con otros ojos”.
Por ahí se perdió el primer momento en que a ella le dolió tanta sabiduría, tanto conocimiento, tantas cosas que se podrían haber aprovechado desde ese momento para hacer esta conjunción del mundo europeo y el mundo indígena prehispánico con sus conocimientos, que de haber hecho una amalgama, el mundo sería diferente, ese sería el primer momento de la tristeza del vencedor convencido bajo su cultura de conquista y de riqueza sobre el vencido.
“La segunda, cuando ya en el siglo XIX, el territorio del norte de México pierde toda la patria del norte, lo que es Texas, Nuevo México, lo que ahora corresponde a parte de Utah, Nevada, parte de Colorado, todo ese boom que llega a Estados Unidos para enriquecerse de lo que hay en esa zona, nada más petróleo y el oro que fueron encontrando, es también un momento de dolor por la impotencia, va uno comprendiendo, porque lo hacíamos en clase, las clases de historia no te hacen el historiador, el investigador, se hace una visión conjunta”.
Desde que llegó a Chiapas, ha aprendido mucho, porque venía de la Ciudad de México como flor de pavimento, ese mundo de bibliotecas, cursos, conferencias, es muy enriquecedor, pero remite en una dinámica totalmente diferente, y su marido, médico veterinario, el campo, las zonas agrícolas, ganaderas, los ranchos, las montañas, los ríos, la llevaba y le pasó de todo, hay muchas anécdotas, todas fueron de aprendizaje, entonces empezó a entender y a amar a Chiapas.
“Nos casamos en el 71, era la época todavía de Echeverría, de ese tiempo para acá, es un salto cuántico lo que ha dado Chiapas y todo Estados Unidos, después empecé a decir, qué lástima, me gustaba más, porque salíamos, veíamos a los niños, jugar, no había peligro, había mucha naturaleza, frutas que yo ya no veo, solamente yendo a las zonas rurales más alejadas de las ciudades, posiblemente en algunos ranchos, un concepto falso de modernidad, porque la modernidad no tiene que acabar con la naturaleza”.
Ella lo conoció en la UNAM, él terminó su carrera, escribió su tesis, eran novios, se comprometieron, él se viene para Tuxtla, empieza a trabajar en su rama, llegó a ser el directivo del primer laboratorio de patología animal que hubo en el estado, y aprendió muchísimo con él, pero hicieron un trato, mientras ella terminaba la carrera, él se venía acá a construir la casa, en la que hoy viven, la construyó su marido con su sueldo, un esfuerzo muy grande, pero con una ilusión muy grande, entonces, cuando termina la carrera, ya casada, siguió estudiando y en la casa de sus papás, mientras él construía la casa.

“Termino, me vengo para Chiapas, la casa está a medio hacer, empezamos a tener a nuestros hijos, a mi hija María Elena, luego a mi hija Lissete, y luego a mi hijo León, durante todo ese tiempo yo fui ama de casa, totalmente cuidando a los niños, haciendo comida, limpiando, y siguiendo la construcción de la casa, realmente valoré el esfuerzo y entendí el esfuerzo de mi padre, que se hizo médico siendo huérfano y atendiendo a su madre, nos contaba todas las cosas que tenía que pasar, muchas dificultades, pero lo logró, llegó a ser médico, llegó a ser directivo del Hospital Gonzalo Castañeda en México, tuvo bastantes cargos ahí en México”, señaló.
La historia de su padre la marcó porque siempre les dijo, camino recto, dignidad, no tires al suelo tus sueños y lucha por lo que quieres, así, cuando la nombran rectora de la Unicach, vio una gran responsabilidad, si decía sí, era porque se iba a hacer cargo, y vaya que lo hizo siendo la primera mujer rectora, sus hijos ya estaban por entrar a la universidad, habló con ellos, para estar sabedores de lo que implicaba, saltó de la maternidad y el cuidado de casa a dar clases en la Unach, ahí empezó, luego pasó por la Unicach y la Normal Superior, porque la invitaban a dar clases de historia.
“Todo tiene un porqué, un significado, la historia puede ser letra muerta, te puedes aburrir horrorosamente, pero cuando logras despertarles a los jóvenes que ahí están las razones de su existencia, yo hice un ejercicio con ellos, de examen final les pedí la historia de su familia, los que lo tomaban en serio se enteraban de cada cosa, luego lo tenían que exponer en un teatro, invitaba a maestros y gente externa, por eso se hicieron famosas mis clases, tenían la presión del público, de que era su familia y de pasar la materia, hubo gente que no lo logró porque pensó que era fácil pero le gustaba, la familia agradecía, y era una recreación de una época, porque sus padres y abuelos correspondían a cierta generación, vivieron cosas parecidas”.
Añadió que se trata de entender en qué proceso estamos, no se necesita ser historiador para entender el compromiso que uno adquiere cuando se es madre o padre, mucho tiempo se pierde de la diversión o libertad, pero mucho de ganancia en lo que entiendes al ser formadora de personas, no son muñecos que vestimos para ser títeres, son seres humanos que van a tener que responder en determinado momento a una sociedad y a ellos mismos, que se vuelvan responsables con dotes de humanismo.
“Veo al espejo a una mujer que han pasado los años, cuando íbamos de viaje con mis padres, a mi papá le gustaba viajar de noche, y veía los cielos estrellados, siempre pensaba, qué será de mí cuando sea grande, escogí una línea académica, educativa, puedo enseñar en las aulas, en una conversación, escribiendo, con el ejemplo, creo que mi misión la estoy cumpliendo y me ha dado tanto satisfacciones como tristezas”, reconoció.
Y es que tuvo la fortuna de encabezar una universidad que recibió en situaciones difíciles, al principio le fue muy difícil porque no confiaban en que una mujer les diera órdenes, ella es una mujer de carácter, tuvo que poner orden porque su familia le decía, arregla esto, ser la primera de nueve hijos la entrenó, cuando se aleja de su núcleo conocido, no conoce a la gente, tiene que abrirse paso, siempre con una visión de hacer el bien.
“El tiempo es un recorrido, el pasado se vuelve a vivir si aprendiste la lección, y la pones en acción de forma correcta, pero si no sabías nada de lo que había pasado, aprendes la lección de que tienes que volverlo a sufrir, si conoces el tiempo te imaginas el futuro inmediato y puedes ver más allá, que las bases estén ahí, entrando a la universidad pensé, yo vengo a poner las bases para que esta institución perdure y crezca, no a hacer la revolución, le tocó a la institución muchos tiempos, las bases que tanto costó edificar se dejaron de lado o ya no continuaron”, lamentó.
En cuanto a sus hijos, dicen que fue de mano firme, pero ellos saben que con mucho amor, ahora toca darle a los chicos la estafeta, pues le tocó venir de un sistema político que hacía que los puestos gubernamentales estuvieran en manos de gente con mucha experiencia, le tocó que los dinosaurios tuvieran que salir y dijo, se está renovando, la gente joven va a querer hacer las cosas, al paso del tiempo se dio cuenta que los jóvenes empezaron a ver el lado económico y dejaron su gran oportunidad de dejar huella, todo tiene que ver contigo mismo y con lo que dejas.
“Me da gusto que empiecen a interesarse más sobre sus tradiciones, no nada más gozarlas, escudriñar más en el fondo para que esas tradiciones no sean infiltradas, como Halloween o Santa Claus, que es un personaje vendedor para que la gente adquiera regalos, antes solo eran los Reyes Magos pero Santa ganó la batalla”, mencionó.
Para leer, disfruta mucho los temas femeninos, pues le tocó una época donde la voz de la mujer se oía poco, y luego la época de la voz de la mujer, donde es rectora, sabe que su voz tiene que dejar huella, en casa, en la familia, en lo que haga, el libro que le gusta porque recuenta la vida de una mujer poco tomada en cuenta es de Elena Garro con sus novelas, que también puede meter en contexto histórico, le gusta leer sobre la vida de mujeres, la lucha, el trayecto donde el ser humano ha perdido muchas oportunidades de amar verdaderamente a otro ser que le habría ayudado mucho a ser mejor, finalizó.








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