• Redacción

Nuevas alternancias a la vista

Miguel Tirado Rasso


El pasado domingo 31 de marzo inició, formalmente, el periodo de las campañas electorales de este año. Bueno, al menos en lo que toca a los procesos para las elecciones en el estado de Baja California (gobernador, 17 diputados de mayoría y 8 de representación proporcional y 5 presidencias municipales) y las extraordinarias en Puebla, para la gubernatura, tras el fallecimiento de la gobernadora Martha Erika Alonso, y en cinco municipios de ese estado, en los que el Tribunal Electoral de Poder Judicial de la Federación anulara los resultados de la elección del primero de julio del año pasado.

El próximo dos de junio, más de 13.6 millones de ciudadanos participarán en una jornada electoral en la que estarán en juego 148 cargos de elección popular, pues además de las entidades mencionadas, habrá comicios en otros cuatro estados. Aguascalientes y Durango, renovarán sus ayuntamientos, 11 y 39, respectivamente. En Quintana Roo y Tamaulipas, se elegirán diputados locales. 15 de mayoría y 10 de representación proporcional en el primero, y 22 y 14, en el segundo. Esta será la primera prueba electoral del sexenio de la 4T.

El panorama no pinta bien para las oposiciones, que no parecen haber logrado superar, todavía, los efectos del descalabro electoral de 2018, por lo que estas elecciones les resultan inoportunas e intempestivas. Y es que, en esas condiciones, el riesgo de otro desastre electoral, es elevado. Grave, por el desaliento que impactaría entre sus simpatizantes, cuando lo que requieren es encontrar el rumbo, fortalecer ánimos y recuperar posicionamiento. Un fracaso más, acelerará la deserción de muchos que buscan trincheras más prometedoras, con la consecuente merma en sus cuadros militantes.

En contra, y con todo y las disputas internas que empiezan a aflorar en el seno del partido en el poder, Morena, se muestra incontenible, aunque no por su solidez como partido ni por su operación política ni por las multitudes que se dicen militantes ni por el manejo de su dirigencia, que, con ánimo de rendir buenas cuentas a su jefe máximo, descuida las formas, atropella y provoca enfrentamientos. Morena pinta para aplanadora electoral por su fundador, Andrés Manuel López Obrador, que está cosechando lo sembrado a lo largo y ancho del país durante más de tres lustros.

Está claro que, parafraseando al ídolo del boxeo, Raúl “el Ratón” Macías, Morena todo se lo debe a su fundador, que es quien lo impulsa, guía e inspira, más como un movimiento político, muy a modo para las características de su liderazgo y estilo de gobernar, qué como partido, en lo que eventualmente habrá de convertirse.

Por lo pronto, en donde no existían corrientes de izquierda y el poder se disputaba sólo entre dos fuerzas políticas: PRI y PAN. En el estado de Baja California, en donde se dio la primera alternancia política en una gubernatura, hace precisamente 30 años, dando paso a una hegemonía panista que dura hasta la fecha, prácticamente de la nada, Morena ha surgido con el peso electoral suficiente para provocar una nueva alternancia. Al menos, eso dicen las encuestas.

Su candidato, Jaime Bonilla, es el primer súper delegado estatal moreno que renuncia para pelear una gubernatura, lo que confirma la sospecha denunciada por los partidos de oposición, de que los nombramientos de súper delegados respondían, entre otras, a una estrategia para preparar candidatos de Morena a las gubernaturas de las entidades en donde estarían representando al gobierno federal. Por el manejo de recursos y las funciones que desempeñan estos funcionarios, siendo oriundos de estos estados, resultan aspirantes naturales con buenas posibilidades y considerable ventaja.

En Baja California, nadie duda del triunfo del candidato morenista que, además, goza de buena imagen. Sus contrincantes parecen haberse puesto de acuerdo para asegurar su derrota, la de ellos. Mientras que Morena confirmó su alianza con el PT, sumando ahora al PVEM y al partido local, Transformemos; los otros partidos participantes PAN, PRI, PRD, MC y el Partido de Baja California, no quisieron o no pudieron acordar una alianza, por lo que contenderán, cada uno, con su propio candidato.

Con una oposición fragmentada, cansada y sin ilusiones, el camino para la gubernatura está pavimentado para el candidato de Morena. Y, si continúan con la estrategia de competir sin alianzas, como también es el caso de la elección en Puebla, no deberán sorprendernos más alternancias políticas con un nuevo protagonista.

mitirasso@yahoo.com.mx

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