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PRI, Refundarlo o refundirlo

Miguel Tirado Rasso


mitirasso@yahoo.com.mx

Todo un record que lo convierte en el único dirigente del partidazo en perder 10 gubernaturas al hilo en sólo dos años.

Tras el resultado de los comicios del pasado 5 de junio, y después de casi 4 años del tercer gran fracaso electoral presidencial priista, tiempo en el que el tricolor se fue hundiendo cada vez más, sumando pérdidas electorales que redujeron de 14 a 3 el número de estados bajo sus colores, siete ex dirigentes del Revolucionario Institucional, decidieron romper el silencio y hacer presencia solicitando al presidente actual de su partido, Alejandro Moreno “Alito”, una reunión, “a la brevedad”, para tratar los últimos acontecimientos que atañen a su instituto político y “que sin exagerar, señalaron, pueden ser determinantes para su futuro…”

A partir de la pérdida de la presidencia de la República, el tricolor navega a la deriva. Los números en las contiendas electorales para gobernador celebradas en lo que va de la 4T, no permiten a su dirigente rendir buenas cuentas. De las 22 elecciones celebradas en ese período (2019 una; 2021,15, y 2022, 6), sólo ganó una, la de Durango, y otra en alianza con el PAN, Aguascalientes. En cambio, perdió 20 gubernaturas, 10 de las cuales eran gobernadas por el tricolor. Todo un record que convierte a Alito, en el único dirigente del ex partidazo en perder 10 gubernaturas al hilo en sólo dos años.

La elección federal del año pasado para la renovación de la Cámara de Diputados, tampoco sería de mucho presumir, pues, aunque el PRI ganó 21 curules más de las que tenía en la Legislatura anterior, el mérito habría que atribuírselo más a su alianza con el PAN, qué a un esfuerzo estratégico proselitista, ante l a evidente y acelerada pérdida de simpatizantes del tricolor. El PRI ganó, por sí solo,11 distritos de 300, con 2.7 millones de votos (5.5 por ciento).

La votación para el Revolucionario Institucional se ha desplomado. Mientras que, en las elecciones de 2016 para las gubernaturas en los estados de Aguascalientes, Durango, Hidalgo, Oaxaca, Quintana Roo y Tamaulipas, el partido alcanzó un total de poco más de dos millones de votos, seis años después, en la renovación de las gubernaturas para los mismos estados, apenas superó los 800 mil votos, 61 por ciento menos.

Para colmo, en la elección de Quintana Roo de este año, en la que, por alguna razón inconfesable la directiva de este instituto decidió ir sin alianza al proceso, estuvo a punto de perder su registro. En rigor, y de acuerdo a la ley electoral, debería haberlo perdido, pues su candidata a la gubernatura no alcanzó el 3 por ciento de la votación que establece la ley como porcentaje mínimo para conservar el registro y sólo por una interpretación a modo de la norma, se salvó el otrora partidazo.

Alejandro Moreno, asumió la presidencia del CEN del PRI en agosto de 2019 y de inmediato se dio a la tarea de reformar sus estatutos para concentrar funciones estratégicas y tener el control absoluto del instituto, muy previsoramente, según advertimos ahora, para lo que se pudiera ofrecer. Como consecuencia de estas modificaciones, la mayoría de las facultades del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) pasaron a ser funciones exclusivas de “la persona titular de la presidencia”, según se lee en sus documentos. Entre éstas, habría que anotar la representación nacional y legal del partido y sus facultades de supervisión y autorización en las decisiones de las demás instancias partidistas (Art.88 frac. ll).

El presidente del PRI es, ahora, quien elige y registra a los candidatos a todos los cargos de elección popular federal, estatal y municipales, así como quien aprueba las convocatorias para procesos de elección de dirigentes y postulación de candidatos hasta para regidurías y sindicaturas. Alito se arrogó el derecho de atracción, como facultad exclusiva, en casos de crisis que se susciten en las diversas áreas del instituto (Art.89 frac. X), y le quitó al CEN la facultad de decidir sobre cuestiones políticas y organizativas relevantes de la organización (Art. 88 frac lll).

Como se ve, toda una reconversión al revés, para concentrar poder a costa de debilitar al instituto político. Alejandro Moreno, como se los expresó clara y tajantemente a los ex presidentes del tricolor que fueron a “reflexionar” con él, ante el irremediable hundimiento del Pritanic, de continuar en la misma ruta, no renunciará al cargo y se quedará los cuatro años que estatutariamente le corresponden, según lo afirmó. Legalmente, no se ve fácil su destitución, aunque su legitimidad como dirigente esté muy abollada por la pésima conducción del tricolor y sus graves fracasos en los resultados. Y es que, el ego, la soberbia, la ambición y los intereses particulares del dirigente, están por encima de lo que le convenga al tricolor, aunque esto signifique el fin del partido.

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