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¿Un candidato por la libre?

Miguel Tirado Rasso

mitirasso@yahoo.com.mx


Es fundador de Morena; actualmente senador; preside la Junta de Coordinación Política del Senado; es el coordinador parlamentario de los senadores de su partido y quiere ser candidato a la presidencia de la República.

Es fundador de Morena; actualmente senador; preside la Junta de Coordinación Política del Senado (JUCOPO); es el coordinador parlamentario de los senadores de su partido y quiere ser “el presidente de la reconciliación nacional” (Excélsior, julio16). Todo un personaje de poder que, por falta de un elemento, no puede salir del empedrado para competir por esta última aspiración. Y es que, el senador Ricardo Monreal no es una de las corcholatas destapadas por el dedo de la 4T.

Hace 12 años (junio de 2004), a dos años de la elección presidencial, Felipe Calderón, presentaba su renuncia como secretario de Energía al entonces presidente Vicente Fox, tras ocupar el cargo durante sólo 7 meses. El motivo: el enojo, la reacción y el reproche del jefe del Ejecutivo, ante un “destape inesperado” que panistas de Jalisco habían hecho en favor de Calderón como su candidato a la presidencia del país. El acto “fue más que imprudente, y lo digo tanto por el secretario, como por el gobernador y su equipo”, afirmaría el presidente Fox. “Fuera de lugar y fuera de tiempo”, serían otros de sus calificativos. Calderón renunció, y ya sabemos como terminó esta historia.

Aunque las circunstancias no son las mismas y los estilos, menos, porque ahora el banderazo para anticipar el juego de la sucesión presidencial lo dio el propio titular del Ejecutivo, así como también la designación de los aspirantes o corcholatas, alguna similitud hay entre la relación de Calderón con el entonces jefe del Ejecutivo y el senador Monreal con el actual mandatario.

El secretario de Energía no era de los favoritos del presidente Fox, pero no podía ignorar su trayectoria, peso político y sus aspiraciones. Por eso su gran enfado, ante un destape anticipado y sin su venia, que le complicaba el escenario para el todavía lejano proceso de la sucesión presidencial. Aceptarle la renuncia fue un error del presidente, pues dejó suelto a un político que supo aprovechar esa libertad para hacer una campaña electoral sin limitaciones.

Por otras razones, el senador Ricardo Monreal perdió lugar en el ánimo del presidente AMLO. Aunque está claro que su buena relación no le alcanzaba para una mirada preferente con futuro, porque desde mucho antes se veía que otras eran sus preferencias, había aprecio y, quizás, hasta reconocimiento a su lealtad, habilidad y oficio político.

Su desempeño en el Senado, muestra un buen balance y su manejo político ha permitido sortear situaciones complicadas en donde Morena no tiene la mayoría calificada. Pero, por grillas internas en su partido, en donde el senador no es del todo bien visto, se le señaló como responsable de las dolorosas derrotas electorales, en 2021, en varias de las alcaldías de la CDMX, campo de operaciones y responsabilidad política de la corcholata favorita, Claudia Sheinbaum, que la hicieron quedar mal ante el jefe. Imperdonable.

Su peso y control político al interior del Congreso, ha quedado demostrado cuando, en algún momento, se pretendió moverle el tapete en la coordinación de su bancada. Todo quedó en rumores que no pasaron a mayores a falta de un personaje capaz de sustituirlo. Además, Monreal no daba problemas y sí resultados.

Ahora, sin embargo, son otras las circunstancias y los tiempos del proceso de la sucesión, están cada vez más cerca. Por una parte, las oposiciones han anunciado una moratoria constitucional, por lo que no aprobarán ninguna iniciativa de ese rango, según informaron. Esto significa que las dos reformas constitucionales que le interesan al presidente, la electoral y la de la Guardia Nacional, tendrían el mismo destino que la Reforma Eléctrica. No pasarían. La permanencia del senador Monreal en el Senado como presidente de la JUCOPO y coordinador parlamentario, ya no parece, entonces, tan indispensable para el proyecto cuatroteísta y, si en cambio, esas posiciones le ayudan para su proyección personal. Algo que no le cae muy bien a la competencia interna.

Ricardo Monreal sabe que, como dice la canción, la distancia entre los dos es cada día más grande, por lo que su lenguaje políticamente correcto para la 4T, está cambiando. Expone ideas que no necesariamente coinciden con las de Palacio, pero que tienen buena recepción en otros frentes. Esto no le suma puntos como pseudo corcholata, aunque sí le ayuda como aspirante independiente, por el momento.

Ahora disiente abiertamente en diversos temas, como seguridad, cuya estrategia, señala, es necesario revisar. Considera que el país necesita un proceso de reconciliación, que no se aleje de los intelectuales, de las clases medias, de las asociaciones religiosas; se declara contrario al discurso del odio; estima un error haber anticipado la contienda presidencial, y se manifiesta en contra del método decidido en Palacio para la selección del candidato. Si hay encuesta no voy, ha insistido.

A Monreal y a Palacio les urge definir su relación. Morena buscará quitarlo de la coordinación de la bancada, pero no la tiene fácil. Y Monreal necesita definir su ruta, porque en Morena no tiene cabida y, tal vez, fuera de la 4T, pueda hacer proselitismo. Pero tiene que trabajar, y muy duro.

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