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Un fenómeno meteorológico perfora grandes agujeros en el hielo

  • AGENCIAS
  • 18 nov 2020
  • 2 min de lectura

Antártida.- En 1973 se abrió en medio de la enorme superficie helada del antártico mar de Weddell un gigantesco agujero. Era tan grande que habrían cabido en él Alemania entera y regiones aledañas. A los tres años desapareció esa zona sin hielo (una polinia, como se llama a agujeros así en superficies heladas), pero reapareció en 2017; esta vez «solo» era algo mayor que Baviera. Diana Francis, de la Universidad Jalifa de Ciencia y Tecnología, de Abu Dabi, y su equipo han publicado en Science Advances un estudio sobre cómo pudieron originarse agujeros tan extensos.



Queda claro que en ello interviene un fenómeno meteorológico extremo: los llamados ríos atmosféricos, que conducen aire húmedo y cálido de las costas de Sudamérica hasta muy al sur, hasta el mar de Weddell, que se extiende entre la península antártica y la Tierra de la Reina Maud. Francis y sus colaboradores evaluaron para ello datos meteorológicos que se remontan hasta la década de 1970. Poco antes de los episodios de 1973 y 2017 irrumpieron movimientos intensos y constantes de masas de aire, que incluso en los gélidos inviernos del continente austral llevan enseguida a una fusión del hielo.


Las masas de aire húmedas y cálidas no solo causan directamente un período de derretimiento, sino que favorecen la degradación del hielo por otros factores. Según la científica y sus colaboradores, se produce una especie de efecto invernadero como consecuencia de la condensación de vapor de agua, y estas nubes impiden que desde la superficie se radie sin estorbos hacia la atmósfera y el espacio; el resultado es que se modere regionalmente la temperatura. El arremolinamiento de las masas de aire calientes y frías del lugar genera fuertes tormentas que finalmente desgarran el hielo.


Y el vapor de agua y la energía térmica liberada por el calor las impulsan aún más.



Tales ciclones extratropicales empujan el hielo desde el centro de la tormenta en todas las direcciones. Actúan como un taladro que perforase un agujero en la capa de hielo y luego lo agrandase. Contribuyen además olas gigantescas, de hasta 15 metros de altura, que igualmente destrozan y arrastran el hielo. Este proceso natural le viene bien a la vida animal del Ártico, a las ballenas, por ejemplo, o a los pingüinos, que así encuentran en medio de los vastos hielos del mar de Weddell una superficie despejada donde alimentarse.


Por otra parte, estas polinias podrían irse acumulando en los próximos decenios y contribuir a la pérdida de hielo en el Ártico. El cambio climático y el calentamiento de los océanos harán probablemente que adelgace el hielo marino y se formen flujos atmosféricos mayores, de modo que será más fácil que se abran grandes extensiones de agua líquida en la superficie.

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