Un mundo de adultos mayores.Una responsabilidad social compartida
- JOSÉ FRANCISCO DOMÍNGUEZ AGUILAR
- 21 ene 2025
- 4 min de lectura
CDMX.- La filosofía popular mexicana nos señala de diversas maneras que no vale la pena preocuparse activamente hoy por el mañana, sino que hay que tener fe porque de una u otra forma las cosas encontraran por sí solas su cauce, por ello, no nos hacen falta los dichos que establecen: Dios tarda, pero no olvida; cuando una puerta se cierra, otra se abre; después de la tormenta, siempre viene la calma, o; a cada santo le llega su día.

Quizá por ello ha permeado en nosotros una cultura de no prever nuestro futuro, de tal manera hay muchas familias en las que se advierte como de mal agüero hablar sobre temas tales como seguros de vida o con mucha más razón sobre testamentos; dicen las abuelas: “Con eso llamas a la muerte o la enfermedad”, y de tal manera temas preventivos no son tratados en los hogares mexicanos.
Todos aspiramos vivir muchos años, pero nadie quiere llegar a viejo, sobre todo porque son pocos los que se preparan para sobrellevar una vejez digna sin depender de la esperanza de que los hijos sean agradecidos y retribuyan un poco de lo mucho que recibieron de los padres; de tal manera, cada vez es más frecuente observar a personas de la tercera edad que no solo trabajan porque aún tengan la fuerza y pueden ser muy productivos para la sociedad, sino porque a pesar de achaques y enfermedades, propias de la edad, no tienen otro medio de sobrevivir que no sea su propio trabajo.
Mientras la edad avanza, la salud mengua, con los años se presentan las consecuencias de una vida desordenada y de excesos en los que jamás consideramos en invertir en nuestros propios cuerpos, pensando en todo momento que el año venidero es el bueno para empezar a comer menos azucares, para dejar de fumar, de ingerir alcohol o para empezar a hacer ejercicio de forma regular; sin embargo, cuando venimos a darnos cuenta estamos cercanos a una tercera edad para la que no nos hemos preparado.
La expectativa de vida, gracias al gran salto tecnológico y en las ciencias de la salud, ha aumentado considerablemente y lo anterior, no nos hace sino suponer que seguirá creciendo en los próximos años a través de la nanotecnología, impresión 3d y terapias genéticas, pero lejos de que lo anterior sea solamente un motivo de celebración nos trae de manifiesto un severo problema que enfrentarán las sociedades de las próximas décadas.
Una sociedad de adultos mayores, no es solo una con más experiencia, sino una con una enorme demanda de servicios médicos; una vida más larga, es ahora también una en la que enfermedades crónicas no transmisibles crónica y/o degenerativas tienen más oportunidad de aparecer en nuestra vida, con todo lo que ellas acarrean, en dicho orden de ideas, no solo generan un gasto mayor sino que tienen como consecuencia el que los pacientes tengan que incapacitarse de los espacios laborales que les brindan precisamente los medios económicos para poder solventar esos gastos de servicios hospitalarios.
Nuestros servicios médicos del orden público se encuentran rebasados y los particulares solo están al alcance de unos cuantos privilegiados, lo que deja al resto de la población sin la posibilidad real de hacer frente a estos padecimientos que nos acarrea la vejez. Lo anterior es una bola de nieve que ha ido creciendo hasta formar una avalancha que amenaza con arrastrarnos a todos por igual.
Es en este momento en el que debemos dejar atrás esa filosofía popular que nos dice que las cosas se arreglarán por si solas con el singular pasar del tiempo, por el contrario es cuando debemos sacudirnos esas viejas supersticiones que no nos dejan prever lo que es inevitable para así poder tener una vejez responsable con nosotros mismos.
El primer paso es hacer una planeación en dos sentidos: 1) Llevar una vida más sana, dejando atrás los viejos y dañinos hábitos, y; 2) Establecer una meta de ahorro que nos permita tener un fondo de retiro.
Sin embargo con las dificultades económicas que atraviesa nuestro país, parece imposible cumplir con la segunda de las metas señaladas, al respecto solo podemos estar conscientes que lo que no hagamos nosotros por nuestro futuro no lo hará nadie más, por lo que al no poder esperar ayudas místicas o fantásticas no tenemos más que dejar atrás gastos superfluos para crear un fondo de retiro que nos permita tener una vejez digna.

¿Y si abandonamos de tajo los cigarrillos, la cerveza, los refrescos o la comida chatarra?, lo anterior no solo nos brindará hábitos más sanos, sino que nos permitirá comenzar con un ahorro que a simple vista no lo parece pero puede volverse de mucha ayuda en el futuro.
Se dejamos de tomar un refresco diario, con un costo de $22.00, durante un mes y ese dinero lo ahorráramos, al cabo de un mes tendríamos $660.00 y en un año $7,920.00 y eso por un solo miembro de nuestra familia, si ese hábito saludable y de ahorro lo hacemos extensivo a más miembros de nuestra familia podemos llegar a tener un ahorro mayor.
Otro aspecto a considerar es unirse a un fondo de ahorro colectivo que nos permita tener acceso a mayores beneficios de los que podemos aspirar ahorrando por si solos.
El futuro está a la vuelta de la esquina y de nosotros depende enfrentarlo de la menor y más saludable manera.
Si quieres saber más sobre algún tema de los tratados en ésta columna, o como Fundación Redsalud Internacional trabaja para colaborar para que menos personas tengan que decidir entre comer o medicarse no dudes en ponerte en contacto con nosotros a través de cualquiera de nuestros medios electrónicos: redes sociales o correo electrónico direccion@rsalud.com.mx








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