Verónica Gómez López y el bordado que viste a Chiapas
- NOÉ JUAN FARRERA
- hace 35 minutos
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Tuxtla.- En el corazón de los Altos de Chiapas, la artesana Verónica Concepción Gómez López ha consolidado el bordado del huipil tradicional como un referente de identidad cultural y prestigio político. Su trabajo, que destaca por su profundidad simbólica y técnica depurada, ha alcanzado tal relevancia que figuras de la vida pública, como el gobernador Eduardo Ramírez, han portado camisas elaboradas por sus manos. Este reconocimiento pone de manifiesto la vigencia de una tradición que, más allá de ser un sustento económico diario, representa el alma de la comunidad de Amatenango del Valle.

Herencia y sustento: El origen de una tradición
La trayectoria de Verónica Gómez López en el arte textil no es una coincidencia, sino el resultado de un legado generacional que se remonta a sus antepasados. La artesana inició su formación a la edad de 10 años, bajo la tutela de su madre, quien a su vez recibió el conocimiento de la abuela de Verónica. Esta cadena de aprendizaje ha permitido que el bordado del huipil se mantenga como una actividad esencial para el sustento de las familias locales.
La elaboración de estas piezas es un proceso que demanda paciencia y dedicación extrema. Según explica Gómez López, el tiempo de confección de una blusa depende directamente de la carga de trabajo: una prenda puede terminarse en un mes bajo condiciones óptimas, pero el proceso puede extenderse de dos a tres meses si se atienden otros pedidos simultáneamente. Debido a esta complejidad técnica y al valor cultural intrínseco, una blusa de este tipo alcanza un costo que oscila entre los 3,000 y 3,500 pesos.
La cosmogonía maya en el tejido
El huipil de Amatenango no es solo una prenda de vestir; es un lenguaje visual que comunica la cosmogonía de su pueblo. Verónica destaca que el diseño se basa en el altar maya, representando los cuatro puntos cardinales en sus cuatro lados. La paleta de colores empleada posee significados profundos: el rojo simboliza la sangre y el amarillo representa al sol.
"Los colores representan la edad de las mujeres de acá de Amatenango del Valle", afirma la artesana.

Esta codificación cromática permite identificar las etapas de la vida de quien porta la prenda:
Juventud: Las blusas para "señoritas" son más coloridas, integrando entre 9 y 12 colores distintos.
Madurez: Para las mujeres de entre 20 y 35 años, la gama se reduce a 6 o 7 colores.
Plenitud: Conforme la edad avanza, la cantidad de colores en la blusa disminuye progresivamente, reflejando el paso del tiempo y la sabiduría acumulada.
Uso diario y gala: Un traje para toda ocasión

Aunque para el observador externo estas piezas puedan parecer exclusivas para ceremonias, en Amatenango del Valle el huipil es una prenda de uso cotidiano. No obstante, su versatilidad le permite funcionar simultáneamente como "traje de gala" para eventos festivos y actos oficiales. Esta dualidad es la que permite que el trabajo de Verónica Gómez López transite con naturalidad desde las calles del pueblo hasta los escenarios políticos más relevantes del estado, manteniendo viva una psicología cultural que define al textil latinoamericano.




