Violencia e inseguridad se vive todos los días en México
- AFP
- 14 mar 2022
- 3 min de lectura

El final de febrero y el principio de marzo de 2022 han sido un periodo doloroso para nuestro país. La ejecución y desaparición de los cuerpos de, al menos, 17 personas en San José de Gracia, Michoacán, la agresión de la barra del equipo Gallos Blancos de Querétaro y la criminalización de las protestas feministas por parte del presidente previo al 8 de marzo conmocionaron al país. La segunda mitad del sexenio de Andrés Manuel López Obrador parece mostrar que la promesa de un cambio en el modelo de seguridad pública e impartición de justicia para alcanzar paz y estabilidad sin violencia será incumplida. Los acontecimientos muestran una realidad que cada vez es más asfixiante: somos presas de un proceso de violencia que solo parece agudizarse. Más que ofrecer una garantía de atención a las víctimas y de transformar las estructuras sociales y económicas que sostienen este proceso, las respuestas y las acciones de los tres órdenes de gobierno reflejan un total desinterés. La situación de inseguridad y violencia que se vive en todas las entidades del país es producto del abandono de las instituciones de impartición de justicia tanto a los intereses partidistas como a los intereses criminales. Analizar y reflexionar sobre los tres acontecimientos que mencioné nos permitirá comprender mejor en dónde estamos parados como país, como sociedad y como gobierno. Para ello, es importante dedicar un momento a nuestra idea y nuestra experiencia sobre la violencia, comprender bien a qué nos referimos cuando consideramos a algún hecho, persona o situación como violenta. En segundo lugar, es importante definir con claridad la relación entre la política y la violencia, así como su lugar en nuestra sociedad y, por último, el papel del Estado en esa relación. La violencia es uno de los fenómenos sociales más complejos y cuenta con infinidad de perspectivas desde dónde analizarse. Esta reflexión lo hace desde una perspectiva politológica, por lo que las cuestiones psicológicas o de índole individual no son objeto; no se trata de pensar el papel de la violencia en una persona, sino en la sociedad en su conjunto. Para hacerlo, los acontecimientos de estos días nos ofrecen, lamentablemente, suficientes recursos para poder perfilar este tema. Cuando un cártel del narcotráfico asesina gente en plena calle, desaparece los cuerpos y limpia la evidencia, muestra su capacidad para borrar la existencia de la gente impunemente. Que una barra de aficionados de futbol pueda detener un partido y, en colaboración con el personal de seguridad, atacar a discreción a los aficionados del equipo rival solo demuestra que ninguna diferencia, por inofensiva que parezca, puede coexistir sin violencia. Cuando el presidente criminaliza desde su tribuna a las colectivas feministas, refleja que la amenaza de violencia estatal es la respuesta a la crítica y la oposición. Esto nos lleva a la relación entre violencia y política que subyace a los tres acontecimientos. Una de las principales cualidades de la política es construir los espacios comunes que cohabitamos las personas, establece las normas de convivencia, los valores que rigen nuestras relaciones, así como las expectativas y los límites de la comunidad.

Cuando la violencia se convierte en el medio distintivo para relacionarse en comunidad se pone en peligro la política, porque se convierte en el único recurso para la resolución de conflictos y diferencias entre sus integrantes. Cada caso muestra las distintas maneras de administrar la violencia en nuestro país. La ausencia de las fuerzas de seguridad permite que los cárteles actúen impunemente contra la población para despojarla de sus tierras y sus pueblos; la violencia en los estadios expone la incapacidad del Estado de promover una convivencia no violenta en actividades recreativas; la criminalización y estigmatización de las colectivas feministas legitima la agresión y la represión por parte del Estado. Mientras el Estado administre la violencia para inhibir la convivencia y la comunidad, no será posible la política.






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