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  • Silvia Alvarado

Palabra de Lilith


El “paraíso” de la infancia

La situación que viven niñas y niños en México es cada vez más difícil, por las condiciones económicas y de seguridad que prevalecen desde hace más de veinte años y que tienden a complicarse.

Es común pensar en la infancia como la etapa más feliz para la gente pequeña y por supuesto que así es en muchos casos, pero también es cierto que hay niñas, niños y adolescentes que enfrentan problemáticas serias que van desde la violencia familiar, el abuso sexual, los golpes, la explotación laboral, la discriminación, el abandono, la tortura e incluso la muerte.

De acuerdo al Fondo de Naciones Unidas para la Infancia, UNICEF, seis de cada 10 niñas y niños de uno a 14 años han experimentado algún método violento de disciplina infantil en casa, uno de cada dos menores viven en la pobreza y son 21 millones de niñas y niños que enfrentan el desafío en áreas fundamentales para su desarrollo y supervivencia como son la salud, atención y educación.

Registra la UNICEF que el 75 por ciento de quienes ejercen abuso sexual contra menores son hombres, en el 89 por ciento de los casos son conocidos y en su gran mayoría se trata de familiares y amigos.

Un dato que permanece invisible para la sociedad, pero que revela la crueldad de las condiciones de vida para miles, es que tan solo en el año 2015 se registraron mil 57 homicidios de menores, esto es 2.8 homicidios al día.

En mucho, la clave de la problemática es que no los estamos viendo ni desde la sociedad, ni desde las instituciones, como personas titulares de derechos, existe una enorme permisividad social que tolera la violencia en todas sus expresiones hacia niñas, niños y adolescentes. En el fondo, los seguimos pensando como propiedad de sus padres o familiares.

Les ofrecemos violencia, miseria, descuido y abandono; aún así, los seguimos viendo como el futuro del país.

La infancia es a veces un paraíso perdido, pero otras, es un infierno de mierda.

Mario Benedetti

Diana

No había pasado ni una quincena desde que encontraron violada y asesinada a Valeria, de 11 años, cuando Diana, una menor de 16 años, fue abusada sexualmente por el conductor del transporte público en Los Reyes La Paz; sí, también en el estado de México.

La adolescente abordó el vehículo para dirigirse a su domicilio de regreso del trabajo que tiene en tiempo de vacaciones, el conductor aprovechó que sólo ella viajaba en la unidad para desviar la ruta y llevarla a un lugar apartado donde la violó.

Diana llevaba puestos los audífonos pero al percatarse de que el conductor activó los seguros de la camioneta, intentó pedir auxilio por su celular pero no tenía señal. Mientras, el conductor iba a toda velocidad y se dirigió hasta un cerro donde la violó y después la abandonó en el lugar.

De acuerdo al testimonio de la menor, “ya cuando terminó, me jaló del cabello y me aventó para el piso y me dijo, ahora si ya vete a chingar a tu madre de aquí”.

La nota que da cuenta del hecho, justifica:

“La jovencita de 16 años era la única pasajera, por lo que el operador abusó de ella”

Angélica

De sí misma dice que era una niña muy feliz, que hacía lo que hace la mayoría de las niñas de su edad, tiene 12 años y estaba por concluir la primaria pero tuvo que abandonarla el año pasado, el más difícil de su corta existencia.

Al separarse sus padres, ella se quedó con su mamá y a su papá casi no lo ve, porque ellos no se llevan bien, todo el tiempo pelean y a ella eso le preocupa y la pone triste, pero si tienen relación con algunos familiares de su papá, que las visitan y se mantienen cerca de ellas.

Fue precisamente un primo de su padre quien llegó a su casa una tarde en que Angélica estaba sola, su madre trabajaba y su abuela había salido, él comenzó a hablar de cosas muy extrañas para la niña, a tocarla de una manera que a ella le dio miedo, todo sucedió muy rápido, tanto que cuando llegó la abuela la encontró llorando y lastimada.

Su madre enloqueció de rabia y dolor cuando tuvo a Angélica en sus brazos y ahí comenzó otro dolor: la denuncia, someter a su pequeña al calvario de recordar lo sucedido, de una revisión médica. Las dos querían huir y corrían, pero solo para regresar al mismo lugar.

Por cierto, el padre apareció para pedir que detuvieran todo y que no perjudicaran a su primo, porque tiene familia, piensa que la niña pronto olvidará lo sucedido, “con los años ya ni se va a acordar”, apuesta.

La madre y la abuela de Angélica la abrazan, la aman, la apapachan, pero exigen justicia y no se dejan caer cada vez que van ante las autoridades y la respuesta es la misma: “tenga paciencia, esto lleva su tiempo…”

Mientras, el violador sigue en libertad.

José

Es uno de los millones de niños que vive en la Ciudad de México, en las zonas marginadas de la gran ciudad.

La nota publicada hace dos días en El Universal consigna que el menor tiene dos hermanos pequeños y que al preguntarle sobre sus planes para el futuro, dice que no está seguro de seguir estudiando, no le gusta ir a la escuela, solo le gusta la música y le hace ilusión ser disc-jockey

José es un niño triste, que de alguna manera se hace cargo de sus hermanos menores, uno de preescolar y otro de primaria. Su padre está desempleado y tiene adicción a las drogas, cuando le cuestionan sobre su madre, primero se limita a decir que no vive con ellos, después, a insistencia de su abuela, explica:

“La mató mi tío, a mi mamá la mató mi tío, estaba todo drogado, le encajó una botella y se desangró. Tenían problemas desde hace mucho”.

José, que aún cursa la primaria, dice extrañar mucho a su mamá, porque era la que los cuidaba y a él, le ayudaba a hacer la tarea.

Fuente: El Universal. Astrid Rivera. 10/07/17

“…el niño relató como su padre usaba una máscara cuando abusaba de él”

Peritaje del DIF al hijo de Mireya, quien se quitó la vida junto a sus hijos y sus padres, al haber perdido la custodia de los tres menores.

El jardín de las luciérnagas

Constanza Leyva

“Chocolate”

Al niño moreno de 11 años que va en tercer grado de primaria todos le llaman “Chocolate”, en alusión al tono de su piel, nadie sabe su nombre y él no entiende de otra manera que no sea con el sobrenombre.

Junto con unos 15 niños y niñas más, “Chocolate” acude con ropa ligera y descalzo a una galera que pomposamente le llaman “escuela” y que no es más que un techo de lámina sin paredes, con sillas esparcidas por todas partes en el piso de arena, muy cerca del mar.

En la comunidad pesquera donde vive “Chocolate” no hay energía eléctrica, ni agua potable, lo cual resulta una ironía si consideramos que todo lo que hay a su alrededor es agua… pero salada.

Cada semana llega una pipa de agua potable que abastece en cubetas y pequeños tinacos a las pocas familias que viven ahí, donde las niñas y niños estudian juntos en un grupo integrado en el que la maestra, venida de la capital, les enseña por turnos, dependiendo del grado que cursen.

“Chocolate” está muy atrasado en sus estudios, lo suyo es el juego, ir venir, correr, reír, lo mismo que sus compañeros, de repente desaparecen del grupo y regresan con un taco en la mano: lo fueron a traer a su casa.

No conoce otro lugar que el campamento, ahí nació y nunca ha salido, por eso, cuando llegó gente de fuera a querer organizar la primera comunión de niñas y niños, su cara era una interrogante.

Les explican que llegará un cura para la celebración y “Chocolate” levanta la mano para preguntar:

¿El cura es igual, o más grande que un chivo?

De-sazones

A finales del mes de junio, en la Ciudad de México fue rescatado Anthony, un niño de cinco años de edad, que permanecía en cautiverio en el domicilio de sus tíos. Sus padres viven en los Estado Unidos y confiaban en que el niño era atendido por sus familiares.

Por una denuncia anónima el niño fue encontrado en un cuarto oscuro, encadenado, con cinta canela alrededor del cuello, semidesnudo y desnutrido, apenas podía hablar. Anthony ya no está encadenado, sus padres fueron localizados en el país vecino pero no se han presentado por él.

Ahora el menor, que se recupera poco a poco, vive otro encierro, esta vez en una institución de asistencia, en espera de que se resuelva su situación y definan quién se hará cargo de él.

Contenidos: Silvia Alvarado

Colaboradoras: Carmen Cancino y Yesenia Pérez

Fotografías: Internet

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