Daño colateral
- EDITORIAL
- 20 oct 2025
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El plantón que mantienen desde hace semanas las madres buscadoras frente a la Fiscalía del Estado, sobre el Libramiento Norte, ha hecho visible una realidad que los tuxtlecos conocemos demasiado bien: Tuxtla Gutiérrez no está preparada para soportar su propio tráfico. Más allá de la legítima causa de estas mujeres, el bloqueo ha expuesto la fragilidad de la movilidad urbana y la falta de infraestructura vial que arrastra la capital chiapaneca desde hace años. El caos no nació con este plantón: se gestó lentamente, entre gobiernos que “modernizaron” sin planear y funcionarios que convirtieron la movilidad en un tema de discursos y negocios, no de soluciones. Tuxtla, como capital, recibe cada día a miles de estudiantes del interior del estado, además de trabajadores y comerciantes provenientes de la zona metropolitana: Chiapa de Corzo, Suchiapa, Berriozábal, Ocozocoautla y San Fernando. Esa movilidad natural debería ser una oportunidad de desarrollo, pero ante la falta de vías adecuadas y una planeación seria, se ha transformado en un problema que sofoca a la ciudad entera. Durante el sexenio de Manuel Velasco, los llamados “libramientos modernizados” fueron más una obra de maquillaje que una solución estructural. No hubo ampliaciones significativas ni mejoras de fondo. Más tarde, bajo el gobierno de Rutilio Escandón, la construcción de tres puentes, impulsada por el entonces secretario de Obras Públicas, Ángel Torres, se presentó como la gran respuesta al tráfico. El resultado fue el contrario: más embotellamientos, más desorden, más frustración. A este escenario se suma la incapacidad de Tránsito Municipal, una corporación que, en teoría, debería coordinar y ordenar la movilidad, pero que en la práctica parece ausente. No basta con tener agentes en las calles; se necesita liderazgo técnico, conocimiento del reglamento y criterio operativo. La dirección de Tránsito no puede ser un pago político ni un puesto decorativo. Se requiere alguien que conozca la ciudad, que la camine, que la padezca, y que tenga la autoridad moral y profesional para hacer cumplir las normas. El pasado viernes 17 de octubre, el bloqueo del magisterio en las entradas poniente y oriente de Tuxtla ha vuelto a poner el dedo en la llaga. Nos obliga a mirar con crudeza la precariedad de nuestra infraestructura y la falta de respuesta de nuestras autoridades. Cada bloqueo, cada obra mal diseñada, cada decisión improvisada se convierte en un daño colateral que pagan los ciudadanos con tiempo, cansancio y resignación. Tuxtla Gutiérrez merece más, merece una política de movilidad que piense en el futuro, no en la foto. Merece vialidades inteligentes, transporte público digno, eficaz y autoridades que dejen de reaccionar para comenzar a planificar. Mientras eso no ocurra, la capital seguirá siendo lo que hoy es: una ciudad que sobrevive a su propio tránsito. NOÉ JUAN FARRERA GARZÓN





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