Tradiciones en Chiapas: entre la identidad cultural y la distorsión del poder
- EDITORIAL
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Las tradiciones en Chiapas han sido, históricamente, uno de los pilares mĆ”s fuertes de la identidad comunitaria. Fiestas patronales, celebraciones populares y rituales heredados de generación en generación representan convivencia, fe, cultura y cohesión social. Sin embargo, en muchos municipios estas expresiones hoy se encuentran manchadas por dos factores que distorsionan su esencia: el abuso del alcohol y la irresponsabilidad de autoridades locales que han hecho de la fiesta un espacio de desorden, clientelismo y simulación. Lo que deberĆa ser un encuentro comunitario se convierte, con frecuencia, en escenarios marcados por excesos, violencia, accidentes y daƱos al tejido social. El consumo desmedido de alcohol no solo eclipsa el sentido cultural de las tradiciones, sino que expone a niƱas, niƱos y jóvenes a entornos inseguros, normalizando prĆ”cticas que poco tienen que ver con el orgullo cultural que se presume en discursos oficiales. Pero esta problemĆ”tica no surge de manera espontĆ”nea. En muchos casos, los malos alcaldes han sido cómplices āpor omisión o conveniencia polĆticaā de esta degradación. Lejos de regular y proteger las celebraciones, permiten o incluso fomentan el descontrol para ganar simpatĆas, distraer de carencias administrativas o utilizar las festividades como plataformas de promoción personal. La tradición se convierte asĆ en un instrumento polĆtico y no en un patrimonio que merece respeto. Desde una perspectiva social, el costo es alto. Las comunidades pagan con inseguridad, conflictos familiares, endeudamiento y deterioro de la convivencia. Las tradiciones dejan de ser espacios de unidad para transformarse en episodios de tensión y desgaste social. Lo mĆ”s grave es que esta realidad se normaliza, mientras las autoridades miran hacia otro lado. PolĆticamente, resulta inaceptable que gobiernos municipales se deslinden de su responsabilidad bajo el argumento de la ācostumbreā o la ālibertadā. Gobernar implica establecer lĆmites, ordenar, prevenir riesgos y proteger a la población, no utilizar las tradiciones como excusa para la falta de autoridad y compromiso pĆŗblico. Chiapas no puede permitirse perder el valor simbólico de sus celebraciones. Rescatar las tradiciones no significa cancelarlas, sino devolverles su sentido comunitario, cultural y familiar. Requiere voluntad polĆtica, regulación efectiva, promoción cultural responsable y, sobre todo, autoridades que entiendan que preservar la identidad tambiĆ©n es gobernar. Las tradiciones no estĆ”n manchadas por la cultura del pueblo, sino por la irresponsabilidad de quienes han permitido que el desorden sustituya al respeto. Corregir el rumbo es urgente, porque una sociedad que pierde el sentido de sus celebraciones corre el riesgo de perder tambiĆ©n su cohesión y su memoria colectiva. Cuidar las tradiciones de Chiapas es cuidar a su gente. Y esa es una tarea que no admite pretextos ni alcaldes ausentes. esentar.ā




