¿Si o no a la Reforma política?
- EDITORIAL
- 26 ago
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Con la entrada en vigor de la Reforma al Poder Judicial y la instalación de una Suprema Corte y demás tribunales devenidos de un ejercicio de elección cuando menos cuestionable, queda la pertinente pregunta: ¿cuál es la mejor manera de detener el retroceso democrático en México?. El siguiente reto es inminente. El anuncio de una comisión de perfiles del oficialismo para elaborar una propuesta de reforma al sistema político mexicano ha levantado preocupación. El debate ha sido amplio. Bastaría posicionarse sobre la necesidad de esta reforma y la posibilidad de que sea un legado positivo en caso de incluir a todas las voces en el debate. Laboratorio electoral expuso las diferencias entre las distintas iniciativas obradoristas por lograr una reforma en esta materia. Se realizó un ejercicio sobre lo pernicioso que sería eliminar la representación proporcional para la pluralidad legislativa en nuestro país. Hay algo que incomoda en este debate y se hizo en particular evidente para mí a partir del comunicado del Instituto de Estudios para la Transición Democrática (IETD) titulado “Por una reforma electoral de consenso, e incluyente, para la democracia”. Firmado por varios exconsejeros y exconsejeros presidentes del Instituto Nacional Electoral y su antecesor el IFE, atienden varios puntos que podríamos llamar sensatos sobre las maneras en las cuales mejorar la representación proporcional, el funcionamiento de los órganos locales (OPLE), el financiamiento a los partidos. El gran problema es que dan la sensación de que se están portando como el perrito del famoso meme “This is fine”, una imagen donde un perro antropomorfo toma una taza de café mientras su departamento está en fuego y dice “Esto está bien”. Tuve la oportunidad de escuchar a Lorenzo Córdova, parte de los abajo firmantes del comunicado del IETD y expresidente del INE, en una conferencia que dio en el auditorio del Partido de la Revolución Democrática Estado de México. Pude expresarle mi incomodidad con su posicionamiento, que puede prestarse a lo que ya se dio: la convocatoria de un diálogo en la cual lo dicho por la oposición y sociedad civil simplemente será ignorado para que la comisión presidencial presente una iniciativa que represente solo los intereses del partido en el poder y su agenda de concentrar aún más el poder. Córdova reconoció que su postura podía ser, en sus palabras, naïve (inocente), pero que ante los autoritarios había que ser demócratas. La participación en los foros y el organismo convocado por el oficialismo solo legitimarán la sensación de que sí hubo un proceso plural para construir la reforma y que al final se impondrá la postura oficial. Camín, quizás en un tono derrotista, admite que habrá imposición, pero que ante esta lo mejor es subirles los costos participando en esos foros y exhibiendo de manera pública los aspectos más negativos de la reforma. En primera instancia, ¿no ha detenido ya en el sexenio anterior y en este la oposición algunas de las peores ideas del oficialismo? ¿Por qué partir del escenario donde nos imponen la reforma política?. En segunda instancia, la postura de “subir los costos participando” parte de una premisa falaz y es que estos foros serán vistos por la mayoría de la población. Poca gente realmente estará interesada en ver qué es lo que la inteligencia que identifican con “el pasado neoliberal” tiene qué decir. Ya en el pasado estos mismos intelectuales, apoyados por la sociedad civil, encabezaron marchas en defensa de la autonomía del INE, manifestaciones, incluso. Sí, podrían ir a los foros, pero no a exponer desde una cátedra inaccesible a las mayorías, sino a través de mecanismos auténticamente llamativos, performance o incluso pancartas la molestia e impopularidad de la reforma. En muchos de los textos que compartí se habla de las reformas políticas del pasado. Tanto en los 70 como en las diversas reformas de los 90 y 2000 fueron las oposiciones las que impulsaron la reforma después de los defectos de los procesos electorales que vivimos. ¿Cómo va la mayoría a determinarle a la oposición las condiciones de competencia? Nadie pidió esta reforma política, ¿por qué vamos a sentarnos a la mesa a discutir algo que nadie exigió? Ante el avance del autoritarismo no es momento de ortodoxias, y tampoco de actitudes derrotistas, es momento de llamar la atención, es momento de convocar a las y los mexicanos a tomar las calles, de hacer notar con los medios internacionales lo que está pasando a unos meses de la renegociación del Tratado México – Estados Unidos – Canadá. No es momento de discutir cómo asignar un escaño más o una curul menos, tampoco de proponer abstracciones a la formula de financiamiento. Mucho menos de abrir la puerta al control de los organismos locales. El departamento está en llamas, no es momento de preparar el café. Estamos viendo lo que ha sucedido con distintos órganos constitucionales autónomos, la captura del poder judicial, no permitamos que tomen nuestra última avenida de participación y acceso al poder: No a la reforma política.






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